Todos nos odiamos

Todos nos censuramos

Nos acontece una época en la que las restricciones son peores que en la inquisición. Y, estas prohibiciones en si no están en papel, no son leyes ni decretos, son auto imposiciones morales que la sensación de falsa libertad no nos deja ver. “Todo el mundo piensa lo que quiere”… No. Pensamos lo que nos hace integrarnos en nuestro círculo social. Somos de ideas grupales. Pensamos juntos como uno. Todos nos censuramos.

La homosexualidad o es muy “cool” o es anti-natural. Un tema en el que ni debería haber debates ni opiniones. Podemos llamar a un anciano “viejo” y darnos miedo usar la palabra “maricón” y viceversa. Da igual la jodida palabra que uses, la mala intención que le pongas es lo que al fin y al cabo cuenta, así como por cuál opinión te estás dejando influenciar o cuál está aceptada en tu ámbito.

Usamos eufemismos constantemente cuando todas las palabras en su núcleo significan lo mismo entre sinónimos. El siglo XXI es una censura constante, bueno, una autocensura. Somos la época en la que cosas como el sexo y las preferencias sexuales o el color de la piel y la mierda a la que le reces siguen siendo objeto de discordia y a veces tabú. En la que la violencia de género (física y psicológica) continúa siendo en la mente de todos cosa de hombres. Donde la total libertad de decisión sobre la vida de uno mismo es nada más que un espejismo, un falso oasis repleto de palmeras y agua cristalina. Nos censuramos para que nos acepten y quieran y porque la opinión pública nos aplasta para opinar de este u otro tema. Llamar a alguien negro provoca gritos de asombro, cuando abolimos la lacra de la esclavitud hace años. Su connotación negativa no es más que un estigma social fomentado por la falsa compasión de una raza que ya no es una minoría, que ya no necesita celebrar su orgullo racial. Porque todos somos iguales y para eso hemos luchado y muerto. Porque Beyoncé, con su inmenso talento musical, no necesita recordarnos el color de su piel en cada verso de su nueva canción, así como, en el caso de que se quiera reivindicar por vete a saber tú qué noble motivo, ¿tenemos que usar horas y horas de debate en la televisión, radio y publicaciones para criticarla, simplemente por el hecho de ser redundante en algo que todos podemos ver? Es negra.

En los medios de comunicación están prohibidos según qué temas y qué lenguajes; “pero, pero, ¿y los niños?” La educación empieza en las casas, no en la caja tonta, cosa que parece que se nos ha olvidado. Los videojuegos, por ejemplo, objeto deseos de la censura, no hacen a nadie un asesino en serie, pero la forma en la que tratamos y enseñamos a nuestros hijos sí que puede ser la culpable.

Que entidades, proyectos y artistas cuyos nombres no cumplan los estándares socialmente aceptables no puedan disponer de los mismos privilegios y exposición mediática que el resto es una falta de respeto hacia la cultura. Y si The Beatles se hubieran llamado “Escroto peludo”, ¿hubiéramos perdido a uno de los mejores y más proficientes grupos de la historia de la música por el simple hecho de que su nombre no es políticamente correcto? Políticamente correcto viene a ser algo parecido a: “aquí es bonito lo que me sale de los cojones”. Vivan, de nuevo, los eufemismos.

Sigamos con una X en la boca, sigamos con miedo. Sigamos pidiendo perdón por decir cualquier palabra, sea cual sea la intención con la que ha sido dicha o escrita. Pero, aunque todos lo ocultemos y seamos unas nenas asustadizas, siempre nos gustarán los bukkakes.

 

Adiós hijos de p**a

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