El muro del Efebo Rubio

Ulrich Rückriem: camposanto minimalista urbano

Lápidas talladas en el centro de Santa Cruz de Tenerife

Cuando Ulrich Rückriem (Düsseldorf, 1938) intervino plásticamente en la Avenida 25 de Julio de la capital tinerfeña allá por 1995, poco le importó el resultado de su acción. Como buen minimalista, su interés se concentraba en el proceso artístico, es decir, en el previo tallado y la posterior disposición de la piedra sobre el pavimento, y en cómo esta se encargaría de entablar un diálogo con el entorno hasta que ambos se fusionasen en un todo.

Sin pretenderlo, este alemán considerado como uno de los grandes escultores del siglo XX en cuanto al espacio público, transformó el tramo de mayor inclinación que posee la céntrica vía en un lugar protegido por el misticismo y la reflexión, y esto no se lo debemos directamente al autor, sino al valor simbólico que por tradición se le otorga al material con el que trabaja.

Vista parcial de la obra sobre el pavimento de la Avenida 25 de julio, Santa Cruz de Tenerife. Foto Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias

Vista parcial de la obra sobre el pavimento de la Avenida 25 de julio, Santa Cruz de Tenerife. Foto: Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias.

Por su dureza, resistencia y demás características naturales, el ser prehistórico ya se encargó de vincular a la piedra con la eternidad; concepto de perpetuación incompatible con la existencia del ser humano, que desde sus orígenes como especie se ha preocupado de impedir caer en el olvido tras su defunción. Para la inmortalización del alma, es preciso mantener vivo el recuerdo de la carne, representada esta última en la Tierra −una vez corrompida− a través del componente pétreo que en su nombre asciende verticalmente desde el suelo hacia los cielos, como tratando de crear un enlace entre mundo físico y celestial.

Precisamente, esta es una de las teorías que se le adjudican al menhir, prisma en bruto o levemente labrado que luego asimilaron las primeras civilizaciones como la egipcia y la mesopotámica, quienes enriquecieron las estelas con inscripciones y relieves figurativos para la exaltación del ahí homenajeado. Este sistema conmemorativo del difunto llega al occidente moderno y cristianizado con la lápida, dando fe de que ni siquiera las largas centurias de evolución han podido desacreditar el carácter funerario de la piedra.

Con todo esto, es curioso el efecto que produce la instalación de Rückriem en la pendiente del 25 de julio. Los críticos hablan del fuerte contraste cromático entre el negro asfalto que sirve de soporte y el tono terroso de las cinco composiciones ancladas a este, además de la rugosidad que adquiere la superficie del granito extraído de las canteras de Porriño (Pontevedra) que el artista ha empleado para esta obra Sin Título.

Sin embargo, se han olvidado del lenguaje místico que circunda a esta especie de código oculto que solo un juego de lógica mental puede descifrar. Desde el primer cuadrángulo manipulado por Rückreim situado en la zona más baja, hasta el último casi en la terminación de la calle, las divisiones que el escultor realiza a partir de figuras geométricas van creciendo en número, y delimitadas estas por unos cortes algo toscos e imperfectos que parecen seguir una antecedente línea de puntos imaginaria.

Tampoco debemos pasar por alto su forma y distribución en el plano, pues a diferencia de los trabajos más célebres del alemán −Siglo XX y Estela XXI, 1995. Huesca− preconcebidos con monumentalidad y en proyección, las piezas santacruceras no están hechas para ser observadas en grupo, ya que se ordenan en horizontal y alejadas las unas de las otras; solo visibles en su conjunto desde las alturas. ¿Se trata, por tanto, de un mensaje dirigido a las divinidades estelares al más puro estilo Líneas de Nazca pero adaptado a la abstracción contemporánea?

De lo que sí estamos seguros es del magnetismo que provoca la piedra, y de cómo esta genera un extraño silencio de camposanto que nos lleva al recogimiento, a pesar de ser una localización habitada y en contacto con el bullicio de las contiguas Ramblas.

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