El rincón del historiador del arte

Por Cristian Marrero Brito

Convencionalismos=Destrucción

Existen en el mundo de la Historia del Arte ciertos comportamientos que en muchas ocasiones van en contra de la propia disciplina. Es algo habitual entre los que nos dedicamos a esto, o al menos de un gran número de estos, ese pensamiento de que todo sobre el arte de la época moderna está dicho y hecho. Al aceptar estas ideas, anexionarnos una teoría involutiva de la historia del arte moderno, caemos en un craso error sobre todo si tenemos en cuenta que muchas de las ideas fijadas sobre este y otros periodos se han ido reconsiderando a raíz de una revisión de los estudios realizados. Una de las funciones inherentes al historiador del arte es la visión y la interpretación, esa capacidad de dar una nueva interpretación es la que nos hacer ser lo que somos, de lo contrario seremos meros parafraseadores. No es algo propio de determinados movimientos, es algo sujeto a nuestro objeto de estudio, el arte.

 

Martínez Montañéz, Cristo de la Clemencia. Catedral de Sevilla.

Martínez Montañéz, Cristo de la Clemencia. Catedral de Sevilla.

Otro aspecto sintomático y reiterativo es, sobre todo en el campo de la escultura moderna, el denostar la imaginería en favor de la arquitectura y la pintura. Estos comportamientos probablemente vengan marcados por dos cuestiones. En primer lugar por las connotaciones idolátricas que siempre han tenido, y aún conservan,  y por la relación directa con el desarrollo de los sentimientos y pasiones más populares, lo que la vincula generalmente con las capas más bajas de la sociedad. Especialmente esa condición de ser piezas cultuales junto con la educación y la cultura imperante, aún en la actualidad, influenciada por completo por el catolicismo, hacen que incluso entre los propios profesionales de la historia del arte se las considere piezas de culto olvidando que realmente son meras esculturas.

Seguramente todas estas cuestiones expuestas sean los motivos por los que no se exploran nuevos campos de investigación dentro de este rincón de la historia de la escultura. Pasa por ejemplo con ese componente erótico que poseen muchas esculturas modernas, y por supuesto la escultura de carácter religioso, aunque muchos moralistas católicos se echen las manos a la cabeza al leer esto. En el Cristo de la Clemencia de la Catedral de Sevilla Montañés intenta plasmar un tipo físico que se corresponde con el concepto de belleza de su tiempo y sin duda esa belleza lleva implícita una carga sexual, es más, la sangre se recluye a las zonas necesarias eminentemente y el paño de pureza, aunque muy desarrollado aún, deja entre ver la perfecta anatomía. No quiere decir esto que se busque una representación erótica por parte del artista, pero esa búsqueda de esa belleza vinculada a una tipología de desnudo como es el crucificado han acabado en expresiones artísticas con un trasfondo erótico importante. Esta manera de ver el arte con un nuevo enfoque es lo que mantiene viva la historia del arte como disciplina científica.

Juan Manuel Parra, Dolorosa

Juan Manuel Parra, Dolorosa.

Pero tampoco hay que irse siglos atrás, este desprecio se sigue produciendo con la producción de los imagineros más recientes y los actuales. Seguimos manteniendo equivocadas concepciones que hablan de un arte agotado, una constante reinvención de las formas barrocas sin percatarnos de que también las tendencias actuales tienen cabida en la producción de los imagineros del momento. Es el caso de las tendencias hiperrealistas que son las que mejor acogida han tenido en este campo. Entre los innumerables ejemplos sin duda destaca la obra del joven Juan Manuel Parra. Su obra impacta y hace que a través de esos recursos hiperrealistas el espectador entre de lleno en las historias que cuentan sus imágenes. Hay mucho por conocer y muchas ideas preconcebidas que eliminar.

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