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Del sacrilegio a la veneración

Todos conocemos el famosísimo y aberrante caso del Ecce Homo de Cecilia. Parecía que dicha vergonzosa anécdota se quedaría con el tiempo en el olvido, pues era algo digno de ser olvidado (o como mínimo omitido) en nuestras mentes.

Lo curioso es que, con el paso del tiempo, algo por lo que todo el mundo se puso las manos en la cabeza, se ha convertido y se ve, como algo gracioso; y no solo eso, si no que se ha transformado en todo un activo económico de lo más rentable y jugoso.

Tanto su obra “restaurada” como su autora, vuelven a salir a la palestra, tras la inauguración del Centro de Interpretación del Ecce Homo en Borja. Lo que… ¿Interpretación de qué? ¿La interpretación, tal vez, de la ignorancia humana?

Este país de panderetas merece un tirón de orejas fuerte, pues no puede ser que se premie, se conmemore y coloque en un pedestal, una de las mayores perversiones de los últimos años en cuanto a patrimonio se refiere. Imaginaros por un momento, que una señora de París, decide tomarse la licencia de restaurar La Gioconda y acaba igual de catastrófico, ¿Creéis que se tomaría con tanta mofa y se crearía un parque de atracciones alrededor de dicha locura? Pues te digo yo que no.

Vale que el Ecce Homo no es una obra maestra de la pintura, pero lo que subyace de este caso, es la pasividad y tolerancia ante estos casos, pues al final, en vez de castigarse se acaba recompensando, favoreciendo y casi que invitando a su repetición en el tiempo.

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