Contemporary Ar(t)

Si algo tiene de característico el arte es que es completa y soberanamente subjetivo. Existe en un limbo sin definir cuyo significado varía y muta de una mentalidad a otra.

Un concepto tan abstracto y abierto como este es complicado de abarcar, y mucho más si nos adentramos en las inhóspitas tierras de lo contemporáneo. Hay quien sostiene que el arte murió, no hace mucho, a raíz de un personaje histórico que abolió la línea que el arte había seguido a lo largo del paso del tiempo. Un rompimiento conceptual e ideológico que en gran medida ha reconducido la producción artística moderna hacia donde nos encontramos hoy en día.

Esta figura de la que hablo no es otro que Marcel Duchamp, un hombre que decidió tomarle el pulso (o el pelo) al arte y a las academias, sin ser del todo consciente de lo que eso produciría en las generaciones siguientes, y más específicamente en la de ahora. El dadaísmo como corriente artística del siglo XX es maravillosa, rompedora, revolucionaria incluso, pero el inconveniente llega cuando crea escuela y tendencia (y no se sabe cuándo parar).

Wilfredo Prieto, Politically Correct, 2009

Wilfredo Prieto, Politically Correct, 2009.

El problema que ha generado esta corriente en la actualidad es una carta blanca a los futuros “artistas” a ser “vagos” mediocres y conformistas, adoctrinados por esta tendencia degenerada en el tiempo y estirada como un chicle descontextualizado. Una vía libre al “todo vale” y “todo es arte”, un pase VIP a ARCO y una cuenta corriente con varios ceros que alimenten un ego inexistente. Aunque, no nos engañemos, aquí lo que se está pagando no es  arte, se está pagando el mantenimiento del sistema económico burbujeante del arte contemporáneo.

En esta loca sociedad que se autoconsume a una velocidad vertiginosa,  se le implanta  a la gente  que anteponga la información y los conceptos. Al ver, vivir y estudiar la obra misma; en vez de partir del impacto que esta tiene sobre ti. Cuando observas que el discurso de los curadores, críticos y académicos contradicen la realidad de las obras para designarlas como arte, te das cuenta que algo falla.

Para que nos hagamos una idea más clara de la alienación mental en la que vivimos, pondré como ejemplo esa famosa y casi que surrealista, anécdota sobre aquella mujer de la limpieza que dejaba su cubo y su fregona en una sala de museo para, tras regresar de sus quehaceres, encontrar a un grupo de entendidos pseudo-intelectuales frotándose la barbilla e interpretando qué clase de crítica se hacía a la sociedad posindustrial, o qué tenía que ver todo aquello con la teoría de género.

Jeff Koons, Play-Doh, 2014. (Getty Images)

Hoy en día, el arte que nos rodea, peca casi en su mayoría de una conceptualidad tal que realmente te hace plantearte: ¿Qué tiene más valor artístico? ¿La obra en sí o el texto explicativo/metafórico/metafísico/metabasura que lo acompaña?  El tratamiento de los materiales, el uso de una técnica, el desarrollo de maneras de encontrar un nuevo estilo, o el proceso íntimo obra–artista en gran medida se ha perdido. Personajes como Koons, que ni se molesta en hacer sus obras, si no que encarga a su séquito que se las haga, o tomaduras de pelo como las de Wilfredo Prieto, hacen que la fe en el arte contemporáneo se vaya resquebrajando lenta y paulatinamente.

Por ejemplo, un Piero Manzoni, enlatando latas con su mierda en pleno años 60 lo aplaudo, lo entiendo y me encanta; pero un señor/a en pleno 2016, que sigue repitiendo un discurso ya obsoleto y sin valor alguno, de verdad que me frustra.

Con esto no quiero decir que el arte contemporáneo y la conceptualidad sea como el interior de la obra de Manzoni, hay muy buen arte y muy buenos artistas en nuestro tiempo que se niegan a seguir la corriente fácil, incluso asistiendo a ARCO; el problema es la infección que muchos tienen en su interior, que como un virus degenerativo se trasmite de ente artístico a ente artístico,  y que parte de las propias escuelas y universidades, las cuales los adiestran para que sean funcionales al mercado y no desarrollen su verdadero talento.

Maciej Ratajski, is this art(cierro interrogación) 2010

Maciej Ratajski, Is this art? 2010.

“Aprenden a producir la verborrea suficiente para justificar que sus fotos del Facebook se presenten como arte. El arte toma años, exige la vida, es aprendizaje diario. Pero si matar un animal es arte, ¿quién necesita estudiar? Nadie.” Avelina Lesper.

¿Dónde están las nuevas corrientes artísticas? ¿Dónde están las nuevas vanguardias? Extraño en nuestro tiempo un nuevo ismo, y me niego a pensar que no seré testigo de ello. Quien sabe, quizás en alguna habitación, detrás de una pantalla como esta, en este mismo instante, se encuentre un futuro precursor del arte del siglo XXI.

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