¿Qué es el indie?

¿Qué pasa cuando lo indie se vuelve comercial? ¿Puede existir un indie venido a comercial? ¿Es vinculante el cómo en ese paso?

Parece que el indie rige la vida del joven moderno de hoy en día. “Me encanta el indie”, he escuchado mil veces. Yo sé qué quieren decir cuando me torturan con esa frase, pero no coincido en esa visión superficial de las guitarritas eléctricas bastante agudas y las voces como sumidas en la droga (más o menos light, eso da igual). Yo en lo que me quedo pensando es si son independientes de verdad. En si se han metido, y prosiguen su andadura, en la música por vocación, no por interés; en si sacan un producto con su pleno convencimiento de que es bueno, en si es original con respecto a la producción coetánea, en si se ha pagado un dineral en su diseño y distribución. En si lo hacen para ganar dinero o esto es una consecuencia de la expresión “por amor al arte”.

He tenido bastantes conversaciones, bastante acaloradas, sobre este tema; para al final acabar en tierra de nadie. Los defensores de las gafas de sol, los festivales molones y las coronas de flores en la cabeza estallan de rabia cuando le das en el centro de gravedad de lo que les gusta, y lo entiendo. Pero a lo mejor se está empleando mal un término que, para mi humilde visión al igual algo clásica y extremista, acaba pervertido.

No me vale que un grupillo de música de tres chavales comiencen a tocar en antros, los encuentre una discográfica, los maquee y los ponga en las radios de todo el mundo con sonidos tropicales. ¿No está esa gran discográfica cambiando el producto que hacían originalmente esos jóvenes talentosos? ¿No los están mejorando y adaptando a los gustos y el público al que creen que podrían llegar? Puede que no, bien. Pero, y ahora que están en primera plana del panorama internacional, ¿por qué lo hacen? Porque les encanta estar de ciudad en ciudad sin tener casi vida personal, haciendo lo que les firma su discográfica, ¿verdad?

No me refiero a que un grupo no pueda cambiar, el cambio es la consecuencia final de cualquier momento; sino al porqué de ese cambio, qué intereses habrá detrás de hacerlos más atractivos al mercado contemporáneo.

Llegamos al callejón sin salida: “Eso sólo lo saben ellos”.

Me voy a permitir la osadía, y pido perdón de antemano, de pensar que cobrando miles y miles de dólares al año, lo hagan por amor al arte. Pero tranquilos, que cuando lo hacen por sus necesidades más básicas, las de pura expresión, se nota.

No por salir en todas las televisiones a todas horas deja algo de ser indie. Para mi es una denominación de origen, como cuando ponen ahora en las prendas “Hecho en España”, pues igual. Tiene que ser como una declaración de intenciones del artista creador detrás de ese producto. No es un sonido específico, no es una imagen en concreto, es una forma de rebelarte contra lo existente y decir: “AQUÍ ESTOY YO, ESTO ES LO QUE SOY”.

Un saludo a los amantes del indie, pero un saludo aún más efusivo, y este ya sin sorna, a los que creen en la libertad creativa y a los críticos con cualquier producto, incluido este mismo artículo.

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