Analogía desordenada: Camino al ¿éxito?

Las torres más tarde o más temprano caen, y si no lo hacen por degaste, algún capullo encontrará un motivo para tirarlas. Lo importante es no quedarse pasmado mirando el desastre si no intentar levantarlas con unas bases más estables.

Según la RAE, el éxito es “el resultado, en especial feliz, de una empresa o acción emprendida o de un suceso”. A mí particularmente me parece muy anacrónico y pretencioso atribuirle felicidad al éxito o viceversa. Por desgracia nos hemos criado en la sociedad del éxito, una sociedad donde prima más los resultados que los valores, la moralidad o cualquier otra tontería que no produzca beneficios.

Desde una temprana edad, y obviamente sin maldad, simplemente es lo que se estilaba y todo padre quiere que su hijo sea el mejor. Nos inculcaban la idea de “el primero”: tienes que tener las mejores notas, tienes que ser el que más goles marque y el que más corra… Creo que yo tengo este trauma del número uno, pero como equilibrio divino, mi padre tiene el trauma del número seis, y es que siempre compartí aula con clases donde por lo menos cinco eran más rápidos, cinco marcaban más goles, cinco sacaban mejores notas…

Obviamente la competitividad bien enfocada nos hace mejorar,  aunque solo sea por rabia, pero no voy a hablar de esta útil herramienta didáctica, seguiré insistiendo en la idea del éxito, del triunfo total. Yo, si formara parte de la RAE, cambiaría la idea de éxito y felicidad por éxito y dinero. De algún modo nos han instaurado mentalmente el éxito en casas grandes y coches descapotables. Esperaré a que algún reconocido miembro de la academia se marche para presentar mi candidatura, aunque ello signifique luchar con Belén Esteban o Ylenia por el puesto, ya que las masas prefieren el “tiki tiki” antes que una refinada prosa. Si la cultura sigue así para muchos dentro de unos años, la poesía serán los señores de azul que ponen multas, pero bueno, con resignación y cascos por la calle los días son llevaderos.

Cuanto más triunfa la idea de éxito, más valor le quitamos a la moralidad. Saca buenas notas en bachiller y tendrás éxito, elige una buena carrera y tendrás éxito (¿qué carrera es mala?), consigue un buen trabajo y tendrás éxito, gana mucho dinero y tendrás éxito, cásate con alguien guapo y tendrás éxito (lo siento gente fea, no estaréis con una persona exitosa bajo esta premisa); y tras toda esta ristra de clichés que seguramente habremos escuchado más de lo que quisiéramos a lo largo de nuestra vida, enlace de nuevo con la definición. Estupendo, tienes éxito, pero y… ¿la felicidad? Una mansión será tu lujosa cárcel si estás solo, una cuenta con muchos ceros sólo llenará tu garaje y tus armarios, pero no tu vida; un trabajo en el que ganes mucho dinero pero no te guste sólo te hará feliz de treinta largos días un minuto que coincidirá cuando consultes tu extracto del banco los días uno; casarte con alguien muy guapo del que no estés enamorado es como escoger a Aragorn para tu viaje en lugar de a Sam, siempre te faltará algo…

Para mí el éxito reside en que nos permitan elegir, en poder equivocarnos, en poder rectificar, en tener épocas mejores o peores pero que todas dependan de ti, cuando algo que decides TÚ sale bien. Eso, eso sí está cerca del éxito.

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