Canción a quemarropa

George R. R. Martin es fútilmente tildado como un autor onanista, creyéndose su obra  un coitus interruptus continuo, sangriento y visceral. La muerte de sus personajes provee al lector con un posestructuralismo bien acompasado, rígido en forma pero flexible en contenido; la suya es una ficción especulativa de carácter postmoderno.

Son tiempos de capa y espada en los Siete Reinos: sus gentes crecen, se reproducen como buenamente pueden y mueren, sobretodo mueren; son una panda de putañeros con principios de psicopatía/complejo suicida. Con caballeros esperpénticos a lo Valle-Inclán y patricios incestuosos rondando por las callejas y lupanares, es normal que no sorprenda que la muerte sea un dios tan válido como La Madre; y sin embargo nos preguntamos: ¿Cómo pueden las líneas argumentales continuar sin los personajes que las protagonizan?

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Extraída de Knowyourmeme.com (George R.R Martin is Orson)

Para responder a esta disidencia tan satisfactoria quizá sea necesario remontarse a los años 50; es la década del miedo al invierno nuclear y, a su vez, de la primavera de la ciencia ficción tal y como la conocemos hoy. Issac Asimov ideó, ya en 1951, una obra en la que los personajes eran meros motores de la acción, y no sustentadores del arco argumental; Fundación quizá no es la primera historia cimentada en algo más grande que la experiencia de sus protagonistas, pero sí es la que más se acerca al concepto que Martin, más de 40 años después, utilizaría para dotar de vida a su creación más celebre: Canción de Hielo y Fuego.

El ciclo de Fundación relata, intercalando pasajes enciclopédicos y literarios, la historia de una nación; ante la posible caída del Imperio, un grupo de doctos y eruditos viajan a un sistema lejano para organizar Fundación, un planeta enciclopedia cuya única función es mantener viva la cultura y conocimientos de la civilización humana. La gran premisa que hace factible esta odisea académica se basa en la psicohistoria; tras toda una vida de investigación, un psicólogo descubre la forma de predecir, a través de la estadística de masas, el futuro de sociedades enteras.

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Extraída de xombit.com. La espera ha terminado, nuevo teaser de Juego de Tronos antes de su estreno.

El ciclo se torna, así, en una obra de carácter socio-tecnológico; en ella se explora la vida y muerte de una civilización, y sus protagonistas vienen y van, derrotados más por el tiempo que por la vicisitud. Da igual cuantos personajes mueran o en qué condiciones lo hagan mientras la sociedad siga funcionando, pues es ésta el gran portaestandarte, y no ellos.

Canción de Hielo y Fuego es un heredero sutil pero eficiente de Fundación. La saga consta de tres grandes arcos argumentales, que se entrecruzan entre ellos y que muchas veces colisionan con subtramas: la guerra civil dinástica que enfrenta a las diferentes casas de Poniente, la pretensión al trono de Daenerys de la Tormenta y el conflicto en el norte. Todos ellos representan componentes fundamentales del desarrollo de la civilización del continente; reflejan la problemática de un pueblo, no de un individuo. Canción de Hielo y Fuego se presenta, de este modo, como un trabajo sobre las masas y la alta política, no como la biografía de un bastardo norteño o de un enano venido a menos.

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Extraída de buhomag.com

Así, de los Stark ya sólo quedan tres, y sólo dos de ellos lideran (que no dirigen) uno de los grandes arcos argumentales. Ha muerto ya un cabeza de familia y un Rey en el Norte, y sin embargo la trama no sólo no ha caído, sino que ha elevado su vuelo a distancias que ni Ícaro con un par de alas nuevas. Si Daenerys muriera  mañana, su arco argumental se vería transformado casi de forma kafkiana, pero no acabado; aún sobreviviría un Ándalo, un enano, un Don Juan y un ejército de Eunucos, todos perfectamente capaces de seguir con el flujo de la historia.

El ser humano parece tender a focalizar la existencia: se es un patriota o un rojo, un dominguero o un sociópata, un cosmopolita o un individualista. Sea como fuere, esto se ve reflejado en la literatura; toda narración tiene un foco y aún no se ha inventado un texto sin perspectiva.

La técnica narrativa se flexibiliza para adaptarse a la focalización del autor, y George R. R. Martin parece haber compuesto una canción a quemarropa, un himno patrio que fusila a sus grandes figuras para mantener la nación a flote.

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