Jonathan Monaghan

Una vez más, y ya aclimatados de nuevo a la rutina, abandonamos finalmente nuestra tierra natal y zona de confort para dar un salto al gran charco y volver a la tierra de los sueños, al continente de las oportunidades, al país que espero que Trump nunca llegue a liderar: a Estados Unidos de América.

Volvemos a esta patria para aterrizar en su segunda capital, porque Washington tendrá el título, pero el protagonismo se lo lleva Nueva York, y si no que se lo digan a Woody Allen. Pero no andaremos por las lujosas calles de Manhattan y su Upper East Side, o las neo-alternativas aceras de Brooklyn, nada de eso: nos adentraremos en las “peligrosas” y polémicas vías de Queens. En ellas hallaremos a un artista propio de Rockaway Beach, con un estilo que fluctúa entre el fotorealismo y la animación, cuyo trabajo pone de relieve la creciente desconexión entre lo real y lo imaginario.

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Still from Disco Beast, 2016.

Monaghan, que estudió en el New York Institute of Technology, y que además posee un master en Bellas Artes de la Universidad de Maryland, explora la riqueza, el poder y los valores de la era digital, una explotación que roza la artesanía digital. Opera entorno al surrealismo, conducido psicológicamente dentro de mundos reales, imaginarios y virtuales; donde, a través de la construcción de entornos 3D y lo absurdo, crea un universo donde los objetos aparentemente pesados y matéricos. Coexisten con fuentes populistas como la arquitectura clásica, la ciencia ficción, La historia del arte,  la publicidad, el diseño, los videojuegos, y hasta la iconografía religiosa; y todo esto dotándolos de la acción de la propia vida.

Entre los diferentes espacios donde se han podido ver expuestas su obras destacan entre tantas: el British Film Institute (Londres), el Museo Hirshhorn (Washington D.C), Rotterdam International Film Festival (Países Bajos), Shanghai Duolun Museo de Arte Moderno o el Centro de Arte Contemporáneo de Tesalónica (Grecia).

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Earthly Delight & Back to the Garden, 2016.

Dentro de sus últimos proyectos de animación podemos encontrar Earthly Delight & Back to the Garden de este mismo año, donde vemos como toda la secuencia gira entorno a la reminiscencia del jardín del Edén, la tentación y los falsos ídolos. Estos encarnados por la serpiente dorada (el falso ídolo) que se enreda con un paquete de fruta de mercado orgánico, que simboliza lo prohibido y tentador, y todo bajo un contexto modernista. Un postulado pastoral humorístico del paraíso convertido en súper mercado, y que transforma los deseos y utopías en mercantilismo.

O en su más reciente video, Gotham, donde encontramos una peculiar serie de grabados, esculturas y videos animados en los que sus protagonistas se retuercen y conforman al devenir de un ilusorio viento que los controla y mece. Fachadas de edificios de lujo del siglo XIX de Nueva York que mutan en pieles, evocando los miedos colectivos que circundan la riqueza y el poder.

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Agnus Dei (After Zurbaran), 2015.

Pero no pensemos que todo su trabajo se queda encerrado dentro de las frías pantallas de un ordenador, también, abandonando el mundo digital, su obra nos alcanza en nuestra realidad con sus irreales esculturas 3D para hacernos patente que todo es posible. Esto lo podemos ver en sus últimas obras escultóricas publicadas en 2015, Recumbent  Bull o Agnus Dei (After Zurbarán), que evocan animales encerrados en pieles como si fueran sofás (ídolos) de lujo. Centrándonos más en la segunda encontramos que esta a su vez deriva en su forma de una pintura de Francisco de Zurbarán de 1635, un cordero atado con el mismo nombre. Una poética sublime que recae en la sátira e ironía de los paralelismos entre la servidumbre hacia una creencia y hacia una obsesión materialista.

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Agnus Dei, de Francisco de Zurbarán, 1635.

Descubre todo su trabajo en movimiento visitando su sitio web.

http://jonmonaghan.com/

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