La homosexualidad en el arte – 2ª parte

En el número anterior veíamos que, con la llegada del siglo XVII, los lienzos de autores de renombre como Courbert o Ingres comenzaban a plasmar escenas lésbicas en sus obras sin ningún reparo, ni represalia por ello. También hay que decir que dentro de la visión heteropatriarcal de la época, no estaba igual de mal visto el tema gay que el lésbico. Dicha temática se siguió representando, en la medida de lo posible, con  un cierto pudor academicista y de manera tímida en su generalidad. Lo cierto es que no es hasta la llegada definitiva del siglo XX, cargado de sus mágicos y revolucionarios avances tecnológicos (véase la fotografía o el cine) que la realidad homosexual se representa con una total libertad en el ámbito artístico contemporáneo.

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Escena indú

Penetrando en las fauces ya de la última centuria, donde los nombres de George Platt, Anthony Sansone, Andy Warhol, David Hockney, Robert Mapplethorpe, Andrés Serrano, Francis Bacon, Tom Of Finland, Joe Dallessandro, John Water, Larry Clark, Almodovar, Gregg Araki; y una infinita lista de personajes más, retumban en el colectivo popular contemporáneo como quien recita un ave maría.

La verdad es que mi idea al plantear este artículo en dos bloques, era hacer una retrospectiva de esta temática, desde su origen hasta nuestro tiempo, pero tras darle varias vueltas. Dado que el bloque que pretendía abordar en este número es relativamente reciente y de cierta connotación mainstream dada la cercanía temporal, he optado por abordar el tema desde una perspectiva que ni siquiera desde la propia carrera se enseña, y es la visión artística oriental, desde Japón a La India; abordando dicha idea que a priori con los prejuicios propios del occidental, puede resultar casi imposible, dada la visión tan cerrada y moralista que se tiene de dichas sociedades.

Curiosamente fue en primer lugar con la llegada de los misioneros occidentales a sus tierras, y en segundo lugar, con la llegada de  las grandes potencias que se comenzó a ver de manera pecaminosa o delictiva dichas representaciones (acciones), pues al darse cuenta que los occidentales la llevaban a cabo ocultamente, se empezó a considerar como un vicio extranjero.

En Japón durante los siglos XVII y XIX se generó una importante y fructífera industria de grabados eróticos, los llamados Shunga (imágenes de primavera). Entre los más famosos se encuentran Suzuki Harunobu, Ishikawa Toyonobu o  Miyagawa Choshun. Estas escenas, no hacían más que representar un hecho completamente normalizado, pues tanto en Japón como en China se consideraba que la homosexualidad era producida por la presencia de una mayor carga de la energía del sexo contrario, y por lo tanto no se la tenía como algo antinatural o aberrante. Más bien todo lo contrario, pues se les consideraban personas más equilibradas en su naturaleza que el resto de mortales.

shunga-2A partir de finales del siglo XIX, con la ya mencionada llegada de los egocéntricos y absolutistas occidentales, se dio comienzo a la caza de brujas y se comenzó a ocultar su representación, llegando a su culmen con la revolución cultural de Mao, con la que se destruyó casi todo este patrimonio, salvándose solo algunos dibujos y pinturas de colecciones privadas.

En el universo islámico, y más concretamente el chií, las relaciones entre personas del mismo sexo no se persiguieron. Incluso sus líderes, uno de los más famosos, Sha Abbás I, se pavoneaban orgullosos de tener a jovencitos como amantes, llegando incluso a representarse juntos. Es durante este periodo (siglo XVI) que se produjeron innumerables miniaturas con este asunto.

En Turquía fue muy extendida durante siglos la representación afeminada y con vestidos, de jóvenes bailarines, aunque si es verdad que los representados eran los llamados Koceks, pertenecientes a etnias gitanas, armenias o judías, pues los turcos no poseían profesiones tan “humillantes”.

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Escena del Kamasutra

Viajando hasta la india podemos observar que la producción plástica de relaciones sexuales del mismo género también inunda su cultura, ya no solo en el propio Kamasutra, si no dentro de sus propios templos. Pero tal y como ya vimos en china, los movimientos anticoloniales y la desconfianza de muchos nacionalistas, que llegaron a absorber por completo los valores de los dominadores, conllevó a que la homosexualidad se la catalogara como “un vicio occidental”, lo que condujo a la destrucción sistemática de estas representaciones en templos, o la directa heterosexualización de las figuras, generando así en la actualidad una visión sesgada del pasado.

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