Lírica endémica

La madrugada despunta en algún recóndito apartadero del que no puedo acordarme. Estamos dentro del coche, la atmósfera es ferruginosa y el humo hace que la visión se embote. Estoy perdido en el salpicadero; de pronto en la radio suena el Bejo y me despierta: “es otro rollo, pa’ romperse el cachaso”, me dice mi amigo. Yo me dejo llevar, y entre líneas empiezo a entenderlo…

La lírica de la calle es uno de esos fenómenos tan poco estudiados que se vuelve laxante en algunos círculos, donde la verborrea y el elitismo solo se diferencian de la diarrea en el olor. Sin embargo, y para sorpresa de los académicos del estreñimiento, es un arte que, como cualquier otro, se mueve, piensa y siente como un organismo vivo. Así, larvas de este incómodo subproducto, una nueva generación de artistas está arrasando las noches de siete islas que comienzan a agitarse con ritmos extranjeros Made in Canarias. Hoy por hoy es lo único que se escucha de madrugada, y sirve de (Cruz) Cafuné a un amplio espectro de la población joven.

El elemento que hace a estos pibes dignos de interés es que difieren de las convenciones peninsulares. El principal medio con el que se caracterizan son sus letras; estos tipos son “Locoplayas”, la generación de la forma que desecha el contenido. Sus temas se sustentan en la aliteración y la rima (en su forma más clónica), y artistas como El Bejo, Ellegas o Indigo Jams anteponen la sonoridad al mensaje y se alzan contra los estándares estéticos de la industria.

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El Bejo (fotográma extraído de su videoclip Mucho).

Este estilo de garrafón, como el inglés, tiene su origen en la influencia angloparlante. El uso de la rima interna y la aliteración han marcado las letras anglosajonas desde principios del medievo, y ahora se apoderan, a través de Spotify, de los smartphones de las nuevas agrupaciones. Mucho, Poco o Mala son solo algunos ejemplos representativos de este ejercicio poético, ejercido por El Bejo.

Los cimientos anglófonos en los que se sostiene esta nueva tanda de músicos son tan fuertes que trascienden las rimas y la métrica, componiéndose también de elementos fonéticos. En su tema Insomnia, Indigo Jams emula los sonidos del habla inglesa, imitando a sus héroes estadounidenses.

Si bien prima la forma al contenido, este último no es tratado con desdeño. Se presenta en su forma más callejera; hablan de la vida, del amor y de fumar porros. Sus letras son vacuas y triviales; sin embargo, a través de ellas empatizan con su público, un público que tampoco se desentiende de la movida peninsular y que sabe a ciencia cierta que lo que oyen es endémico.

Esta naturaleza única es también una variable a tener en cuenta a la hora de hacer una taxonomía precisa. La expresión canaria es la rúbrica de estos grafiteros de las letras, orgullosos de lo local y lo mundano. De este modo, es fácil encontrar vocablos, dichos y expresiones de nuestra tierra en sus letras, junto con alusiones topográficas y culturales. Algunos ejemplos de esta jerga son totalmente ininteligibles para quien no está relacionado con el estilo de vida de las islas, como por ejemplo las expresiones “el chasis en el suelo”, “no me seas batalla” o “se te va el baifo”, audibles en temas de Choclock o BNMP.

El afán regionalista y la búsqueda de la identidad comunal son temáticas bien enraizadas en este tipo de expresión musical; es la praxis de la misma lo que los diferencia. Los MCs peninsulares apelan a sentimientos universales para atraer y hacer al público sentirse identificado con cada palabra. Estos artistas canarios apelan a la cotidianidad y lo mundano; son letristas del día a día, y eso los hace increíblemente empáticos.

Esta ola espoleada por la enorme conexión que siempre ha tenido el archipiélago con  los países de tradición angloparlante está rompiendo con cada vez más frecuencia en orillas peninsulares. La lírica endémica se esparce por el mundo como una especie invasora; es colonia que coloniza y que expande, poco a poco, la presencia de unas islas que el mundo ignora.

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