Cristina Mahelo – Anónimo es nombre de mujer

“Yo me atrevería a pensar que el Anónimo, quien escribiera tantos poemas sin firmarlos, fue a menudo una mujer”. Así analiza la escritora Virginia Woolf en su ensayo Una habitación propia las limitaciones que han tenido las mujeres a lo largo de la historia para poder expresarse artísticamente. Muchas obras realizadas por artistas femeninas han sido vendidas bajo el nombre de sus maridos para poder aumentar su precio. Y no es que exista una diferencia objetiva entre el arte que puede realizar un hombre y una mujer por las condiciones de su sexo biológico, sino que la historia ha demostrado que cuando se constata que el cuadro ha sido pintado por una artista su valor económico y simbólico desciende.

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De las 1120 obras expuestas en 2016 en el Museo del Prado, sólo 7 pertenecían a firmas de mujeres, es decir, apenas un 0´6%. Y si analizamos la colección completa de casi 8000 obras, sólo 57 son de artistas femeninas. Según el propio museo, el criterio de selección que utilizan se basa en la relevancia y la calidad de las diferentes épocas y escuelas, pero quizás su método sea tan patriarcal como la misma historia, y hayan descartado cuadros pintados por mujeres sólo por el hecho de que la época en la que fueron realizados las despreció a ellas como artistas.

La historia habla por sí sola. En el siglo XV, en Italia las mujeres sólo podían acceder a la profesión artística si eran apadrinadas por un hombre, un protector que solía ser un marido o un padre artista. Además no tenían acceso a la formación en asignaturas como geometría, anatomía o física, disciplinas básicas para el ejercicio artístico. En la Ilustración se producen grandes revoluciones y algunas mujeres comienzan a ganar espacio en ámbitos como la enseñanza debido a la demanda de docentes preferentemente femeninas para las escuelas de niñas, porque no olvidemos que separaron las enseñanzas por sexo. Aun así, en este siglo las mujeres siguen estando discriminadas de las Academias artísticas, y las pocas féminas que consiguen acceder a estos espacios de hombres pertenecen a la alta nobleza y se les niega rotundamente el acceso a las clases de desnudo. Y si no podían pintar cuerpos humanos, la gran demanda del siglo XVIII, ¿qué hacían? Quedaban destinadas a los denominados géneros “menores”, que engloban el retrato, el paisaje y la naturaleza muerta.

2El siglo XIX vio crecer el número de artistas femeninas en las Academias, aunque por el acceso a estas escuelas de arte tenían que pagar cuotas más altas que sus compañeros. Sólo por ser mujer. Y seguían sin tener permiso para realizar cuadros de desnudos. Pero no nos equivoquemos: ser una artista seguía estando mal visto, pues el papel principal de la mujer era ser la esposa, la madre y el ángel del hogar. Sólo a partir de la segunda mitad del siglo XX, con la consolidación del movimiento feminista y los derechos humanos, se comienzan a realizar estudios que sacan a la luz obras de mujeres que en numerosas ocasiones habían sido atribuidas a sus padres o maridos artistas y, cómo no, varones.

La contradicción más grande es que la anatomía desnuda más representada en la historia del arte es la de la mujer, eso sí, pintada por un hombre. Aquí se elevan un poco las cifras: de los casi 8000 cuadros nombrados anteriormente que posee el Museo del Prado, 216 son de desnudos femeninos. Todos pintados por hombres. ¿Tiene que estar desnuda una mujer para entrar en un museo? Parece que el arte le ha otorgado más valor a su cuerpo que a sus capacidades a lo largo de la historia. Las mujeres han sido sujetos de los artistas, ampliamente representadas no solo en cuadros, sino también en esculturas y demás manifestaciones artísticas. La eterna musa inspiradora.

Los mismos espacios de arte que las exponen desnudas discriminan los cuadros que firman ellas. Y es este dominio histórico del hombre sobre el arte el que ha relegado a la mujer a un segundo plano que se mantiene, a pesar de su plena incorporación al mundo del arte. Y sí, las facultades de Bellas Artes del siglo XXI se llenan de mujeres con talento, porque el acceso a la educación superior ya no es discriminado por sexos. Pero las cifras descubren que las mujeres predominan en la base del sector, es decir, en la formación (son mayoría en las carreras artísticas), pero van decayendo conforme se sube en la estructura piramidal del sector hacia puestos de alta responsabilidad profesional. Ellos siguen siendo los jefes.

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Ahora es responsabilidad de los museos y de los diferentes espacios artísticos mirar hacia el pasado y analizar sus colecciones con una visión crítica para que el mundo deje de tener este aspecto androcéntrico y poder ver más allá del ojo del hombre blanco y heterosexual. Ponerles nombre y apellidos a esas artistas que se firmaron como Anónimo. No olvidemos que estos lugares tienen una influencia educativa y civilizatoria y, aunque sea siglos después de sus muertes, permitan enseñar a las nuevas generaciones que las mujeres artistas siempre han existido.

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