Arte y ciencia

Si habéis estudiado la educación obligatoria en España, estoy seguro de que os vendrán a la cabeza algunas cosas que deberíamos mejorar, incluso, aunque estas no sean exclusivas de nuestro país. Las asignaturas son como islotes de conocimiento que rara vez tratan de integrarse o de demostrar su utilidad en la vida cotidiana. El modelo de enseñanza sigue siendo, en esencia, informacionista, ya que busca que el alumnado acumule conocimientos a modo de enciclopedia, pero lo que consigue es que mantengan el recuerdo de lo que entre en el examen hasta que sea evaluado. A medida que se avanza durante los últimos años, en Bachillerato serán bautizados como de ciencias o de letras, el alfa y el omega, blanco y  gris, o quizás algo aún menos valorado socialmente: ser de arte.

Esta separación artificial del conocimiento y la cultura humana, fruto de la creciente necesidad de especialización en la sociedad, no debe confundirnos. Desde los orígenes de la humanidad estas disciplinas han ido de la mano. Etimológicamente, arte viene del latín ars, y según la RAE es un calco (significado cogido prestado de otro idioma, aunque sin crear una nueva palabra) del griego téchnē. Muchas de las cosas a las que llamamos arte son el resultado de los avances en el dominio tecnológico de diferentes materiales. Del mismo modo, a medida que la ciencia fue haciéndose más compleja el arte utilizó recursos como la física o la astronomía. La excepción de este matrimonio con lo tecnológico podría decirse que viene del arte conceptual, que aspira a ser reflexivo y dejar de lado una expresión material determinada. No obstante, incluso este arte que huye le las herramientas necesita de instrumentos para registrar su obra, como una fotografía que capture el instante de una obra perecedera, como un tiburón en formol, o una performance.

Una cultura cuyos restos reflejan la unión del arte y la ciencia es la egipcia. Sus pirámides son la apoteosis del conocimiento en ingeniería y astronomía. Estas construcciones están erguidas con tal precisión que se orientan hacia los cuatro puntos cardinales.

Pirámides de Giza, foto de Natonal Geographic

Pirámides de Giza, foto de Natonal Geographic

Otra área en la que se funden ambas disciplinas es la anatomía. Una de las obras más es  Anatomía de Gray (que dio nombre a la serie de tv). El Dr Henry Gray contó con la ayuda de su amigo Henry Vandyke Carter para realizar las ilustraciones de su tratado de anatomía. Fueron sus magníficas ilustraciones las que contribuyeron a la enorme popularidad del manual. Otro médico que también destacó por su pasión por el dibujo fue Frank H. Netter. Este último trabajó durante más de cincuenta años en la ilustración del cuerpo humano bajo encargo de varios profesionales. En el prefacio de su Atlas, Netter escribe que le hubiese gustado añadir algo sobre algún anatomista célebre, pero hay demasiados. Pensó en Vesalius, da Vinci, William Hunter o Henry Gray. Desafortunadamente no estaban disponibles, pero se imagina cuales podrían haber sido sus opiniones sobre el libro. El Dr Netter estudió arte en la universidad antes de empezar Medicina. Fue mientras estudiaba medicina cuando los dibujos de sus apuntes comenzaron a ganar popularidad entre sus compañeros y la atención de los miembros de la facultad, quienes le pidieron que ilustrara sus libros y artículos. Por último, también cabe recordar algunos artistas que ya han tenido aparición en ediciones anteriores de esta revista, como Juan Gatti (Portada del número 9) o Alex Grey, quien llegó a trabajar en una morgue para aprender anatomía.

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Juan Gatti

En la actualidad arte y ciencia vuelven a aparecer unidos, pero los términos de la unión han cambiado. Su emparejamiento es pragmático, buscan utilizarse mutuamente. El arte bebe de la ciencia para inspirarse, y esta lo emplea como medio de comunicación para hacerse más accesible.

David Harris, físico teórico de la Universidad nacional de Australia, decidió finalmente seguir su pasión por la expresión artística y estudiar un master de artes digitales y nuevos medios de comunicación. Este artista habla sobre el arte científico y su situación en tierra de nadie: La ciencia lo acusa de no cumplir los mínimos de rigor y el arte lo ignora por considerarlo un medio de transmitir conocimientos científicos. El autor opina que ser un experto en ambos campos no es tanto una cuestión de coleccionar títulos universitarios, sino de recuperar la antigua figura del intelectual, ese sabio personaje formado en alguna disciplina pero que poseía una cultura inmensa por su insaciable curiosidad y sus numerosas horas de lectura.

David Harris, Flujo de Neutrino (2014)

David Harris, Flujo de Neutrino (2014)

Comparto aquí una de las conclusiones que incluyen en el blog culturacientífica.com sobre este tema:

Una fructífera colaboración entre arte y ciencia es fundamental para el establecimiento de una cultura científica en la sociedad porque, como muy bien explicaba Antonio Casado da Rocha la semana pasada a propósito de una representación teatral de inspiración científica, [puede que] la representación de la ciencia en “Ciencia ficción” sea naif o friki, pero en la medida en que la hace sentimental o estéticamente valiosa a su público, integra la ciencia en la cultura contemporánea y eso es clave para una sociedad que quiera avanzar e innovar”.

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