Tradición no es naturaleza

Un recorrido por la obra de la artista interdisciplinar valenciana, Liliana Luís Sogues. De un tiempo a esta parte, ha reflexionado y realizado diferentes obras en el campo de los estudios de género. Hoy profundizaremos en su obra.

Naturaleza y tradición son conceptos entorno a los cuales se desarrolla su trabajo. Mientras que “tradición” se sustenta en los valores aprehendidos, la naturaleza se alza sin ningún tipo de pudor desde los primeros años de vida y, si no se es lo suficientemente fuerte, se oculta hasta casi desaparecer. Encontrar el equilibrio entre ambas fuerzas es tan necesario como difícil, valorar lo heredado y no renunciar a la pureza de los valores inherentes del ser humano. De esta forma, y trascendiendo los convencionalismos, podemos crear una nueva realidad que conforme una nueva tradición. Este es el camino que ha seguido Liliana Luis Sogues, quien se ha enfrentado- a pecho descubierto y sin ningún tipo de pudor- a las diferencias entre sus pasiones y los valores heredados. Este proyecto, recopilado y explicado por la propia Liliana, lo presentó como trabajo de fin de grado.

 

Liliana empezó a estudiar Bellas Artes por sus habilidades artísticas, aunque actualmente prefiere las performances para expresarse y llegar al público de una forma más directa. Se puede afirmar que fue de lo superficial a lo esencial, utilizando la expresividad del cuerpo (conjugado con el espacio y los objetos que utiliza en sus acciones) y enfrentándose a los convencionalismos y- como ella misma indica en el título de su estudio- enfrentándose a su herencia, su tradición. Hoy recogeremos el trabajo de esta artista valenciana. Un trabajo que analiza los estereotipos de género y, además, confluye con el enriquecimiento y la liberación personal de la joven artista. Para entender mejor su obra, contamos con su presencia, cosa que agradecemos enormemente. De esta forma, además de analizar su obra, contaremos con sus reflexiones personales a modo de entrevista.

Liliana nació en Valencia 1994. Desde muy temprana edad desarrolló sus habilidades artísticas, dejando claro cuáles eran sus pretensiones académicas. No obstante, también tuvo que lidiar con la colisión entre su identidad social y sexual y la ideología conservadora de su familia. Esta confrontación la llevó a continuas discusiones en el plano familiar.

Sin embargo, su inmersión en el círculo de los estudiantes de Bellas Artes de la Universitat Politècnica de València, supuso un antes y un después en su vida, tanto en el ámbito profesional como en el personal. El conocer a personas con inquietudes similares y comparar puntos de vista sobre cuestiones sociales y artísticas, le ofreció un bagaje que supo utilizar en sus obras posteriores. En esta parte, conviene hacer alusión a la importancia de crear tejido para el enriquecimiento del arte autóctono. Todo ello lo ha condensado en su Trabajo Final de Grado, con el que obtuvo la grata respuesta del tribunal, quienes agradecieron un trabajo que aborde estas cuestiones relativas al género. Su trabajo, dentro de la esfera de la performance, es una auténtica obra de madurez en el campo de la identidad. Actualmente, Liliana vive a caballo entre Valencia y Francia por cuestiones laborales, enfrentándose a la terrible realidad laboral que asfixia a los jóvenes artistas españoles.

En cuanto al objetivo de su obra, el resultado de cuatro años de práctica y aprendizaje, Liliana nos deja un mensaje claro: la necesidad de destruir los roles de género- de hecho, y citando literalmente sus palabras, considera “la total destrucción del concepto de género, tal y como lo conocemos”–  y construir una nueva tradición. Según la propia artista, desde niños nos vemos bombardeados desde múltiples campos, con la idea de moldearnos con intereses sociopolíticos. Ella misma indica que: La especie humana ha venido al mundo para crear ficciones, construir realidades que asume como verdades absolutas. El estado, la Iglesia, la escuela, los medios de comunicación o la familia son transmisores impecables de creencias y tradiciones que, al nacer, comienzan a esculpir la mente y cuerpo del nuevo individuo, de manera que se asume como naturaleza una serie de ideas y comportamientos que no son más que el resultado de años de tradición”.

Para la consecución de este ambicioso proyecto, Liliana apoya su trabajo en   tres pilares fundamentales: los estudios de género, la teoría de la performance y la utilización del cuerpo. Estos tres conceptos están íntimamente relacionados y los analizaremos a continuación.

En cuanto a sus influencias, las teóricas y artistas de las que bebe Liliana (que en su mayoría son mujeres) se mueven en la esfera de los estudios de género. Su interés por el trabajo de estas artistas, así como su asignatura de performance (sumado a una mirada crítica del mundo que la rodea, parte fundamental de la ecuación) propició este trabajo.

Llegados a este punto, cabe explicar el porqué del uso de la performance en su obra. Lejos de ser su único campo de acción, en la performance encuentra un espacio de expresión más libre. Haciendo alusión a sus propias palabras “una manera de llegar al público de una forma directa”. Además de esta libertad, en cuanto al ámbito de expresión, la performance la ha “ayudado a superar barreras en el plano personal”.

La utilización del cuerpo es fundamental en su obra. Actualmente, en el ámbito de la historiografía artística, se considera el cuerpo como “la última frontera del arte”, muy presente en la performance. Liliana defiende que: “los cuerpos son una herramienta de gran impacto sociopolítico y con capacidad revolucionaria. Más aún los cuerpos pertenecientes al género femenino, que están sexuados, objetualizados y censurados. Sobre ellos se ejerce gran cantidad de violencia[1]”.

Una muestra de este derrotero la tenemos en la performance: Quiero ser oveja negra (Bétera, 2017)[2]. En esta performance, la artista se introdujo en un rebaño de ovejas, escenificando así la expresión “ser la oveja negra”. Liliana estuvo cerca de media hora moviéndose desnuda entre un rebaño de ovejas, entre los residuos en los que se mueven habitualmente estos animales (cebollas, botellas, orín…) y estudiando las actitudes de estos animales gregarios.

Asumiendo la característica de “lo diferente”, Liliana se inspira en los postulados de la teoría queer. Desarrolla el discurso de la “elaboración teórica de la disidencia sexual y la deconstrucción de las identidades estigmatizadas, que a través de la resignificación del insulto consigue reafirmar que la opción sexual distinta es un derecho humano. Las sexualidades periféricas son todas aquellas que se alejan del círculo imaginario de la sexualidad heteronormativa y que ejercen su derecho a proclamar su existencia”[3].Esta performance tiene su génesis en un material muy presente en la obra de Liliana: la lana negra.

La lana negra tiene una importante simbología que bascula en la popular expresión, mentada anteriormente, “ser la oveja negra”. Además, en la performance Mi naturaleza no es tu tradición (Valencia, 2017)[4], la lana adquiere una simbología más compleja. En este caso, la artista alude al mito clásico de Penélope.  Mientras que el personaje de la archiconocida Odisea teje y desteje el manto mientras espera, de forma pasiva y romántica, a que llegue Ulises; Liliana, con la ayuda de su madre (quien tejió el manto previamente y sin cuyo trabajo no se podría haber llevado a cabo la acción) rompe el tejido con las manos y los dientes. Mediante la ruptura del tejido, Liliana desafía al mito mediante un papel activo, destructor, antagónico al romanticismo pusilánime inicial del mito griego. De esta forma, Liliana adquiere un papel activo en la destrucción consciente de la obra de su madre; por lo que el manto adquiere una segunda simbología: la tradición. En palabras de la propia artista, la malla “simboliza la tradición, la aceptación y sumisión de roles que son transmitidos posteriormente a los hijos[5].”

Liliana reclama el arte como espacio de creación, expresión y libertad. Un lugar desde donde crear consciencia, en el que, para ella, la labor de comprometerse como artista, a realizar un trabajo que vaya más allá de la materia, lo estético y lo superficial, es fundamental. Como ella dice: “En los tiempos que corren necesitamos creatividad, sensibilidad y crítica; necesitamos que todo lo que se cree sea para decir algo, para mover a alguien.”

Cabe destacar que estas performances sólo son unas pocas muestras de la obra completa de Liliana, que se puede visitar en su página web: https://lilianaluisogues.wixsite.com/lilianaluisogues-web. Os animamos a que echéis un vistazo a su obra, puesto que se trata de una obra de gran valentía en el complicado ámbito de la identidad humana.


 

[1] LUIS SOGUES, Liliana. “Tradición no es naturaleza. Proyecto interdisciplinar.” Facultad de Bellas Artes. Curso 2016-2017. P. 5.

[2] Imagen 1, cedida por la artista.

[3]Ibídem, p.10.

[4] Imagen 2, cedida por la artista.

[5]Ibídem, p.32

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