¿Ornamento y Delito?

Ornamento y Delito es un texto escrito por el arquitecto austríaco Adolf Loos en 1908 que revolucionaría la arquitectura de los inicios del siglo XX.

El decoro, lo superficial y lo sobrante de los edificios habría sido desterrado teóricamente de la arquitectura que se constituye a partir de este momento.

Él decía, para su contexto, que habría que olvidarse de los manierismos en la arquitectura y en la sociedad para avanzar culturalmente. Así lo expresaría con su obra pura y fría, los primeros pasos hacia un “racionalismo arquitectónico” alejado de los historicismos desde el Renacimiento hasta el siglo XIX.

Este racionalismo imperó en la práctica arquitectónica a partir de estos años, consolidándose con el movimiento moderno. La industrialización de los materiales de construcción y la demanda de viviendas de emergencia tras las guerras mundiales hicieron que el decoro y lo exuberante se quedasen en un segundo plano.

No es hasta el posmodernismo cuando se vuelve a hablar de simbolismo y estética. A partir de la mitad del siglo pasado se empieza a cuestionar la simpleza de una arquitectura inerte heredada del concepto de “la casa como máquina de habitar” de Le Corbusier. A partir de entonces los espacios funcionales y formalizados del estilo moderno se sustituyen por diversas estéticas: los estilos colisionan y la forma recobra su sentido más expresivo.

 

Freddy Mamani. El Alto, Bolivia, 2015 (2)

Freddy Mamani. El Alto, Bolivia, 2015.

A partir del libro de Robert Venturi Learning from Las Vegas, se definirían las primeras pinceladas de lo que sería el auge del postmodernismo en los espacios de debate de los intelectuales de la época. Tras un intenso análisis sobre la ciudad fake de Las Vegas, se llega a la conclusión de que los edificios tienen un valor comunicativo y significativo del edificio, y que se concentra en las fachadas, como los anuncios de carretera o de las grandes ciudades.

La fastuosa y tachada de superficial “Ciudad del Juego” estaba totalmente fuera del debate intelectual de los arquitectos. Aun así, era lo más representativo de la era del consumo que estaba por venir, y que sería necesario tener en cuenta.

Así, surge un nuevo interés en la arquitectura como medio expresivo y comunicativo, aportando a la ciudad valores o mensajes funcionales, simbólicos y persuasivos a las personas que transitan por ellas. La idea de edificio anuncio se separa radicalmente de la funcionalidad arquitectónica y se basa más en la capacidad simbólica y escenográfica de la arquitectura. Los edificios adoptan tipologías del pasado, se recupera la ornamentación, se rechazan las formas puras, y se recurre a una especie de neo-eclecticismo. Las reinterpretaciones se hacen con un poco de ironía, magnificando elementos de la antigua Grecia o Roma (por ejemplo) mezclados con las nuevas tecnologías.

 

Piazza Italia, New Orleans. Charles Moore. 1978

Piazza Italia, New Orleans. Charles Moore. 1978.

 

Aparecen estos despropósitos, que entrarán en el terreno de lo kitsch, como la Piazza d’Italia en New Orleans, de Charles Moore, en el que la forma tiene tanta importancia que la planta de la plaza es el mapa de Italia, y ya está. Alrededor, unas columnas de diversos estilos eclécticos sueltan agua sobre la plaza, iluminada con luces led de colores.

Este movimiento era tan transgresor como consciente de lo que estaba haciendo.

El edificio Pato debe ser una de las construcciones más icónicas dentro de la teoría de la arquitectura. Es la representación de cómo un edificio, a partir de su forma, es capaz de visualizar aquello a lo que se refiere o lo que se hace en su interior. Es una construcción realizada en 1931 por el dueño de un criadero de patos, Martin Mauresr, para la venta de sus patos y huevos. Esto sucede hasta 40 años antes de que llegue el postmodernismo, y es la obra más representativa del movimiento a pesar de no haberse hecho ni en su época, ni por un arquitecto reconocido.

Casa Pato. New Orleans, 1931, Martin Maures

Casa Pato. New Orleans, 1931, Martin Maures.

Freddy Mamani. El Alto, Bolivia, 2015

Freddy Mamani. El Alto, Bolivia, 2015.

Siguiendo esta misma idea de resignificación propia de los años 60-70, hay una situación muy interesante que se está dando en El Alto, una ciudad emergente de Bolivia. Freddy Mamani, es un exalbañil que se ha convertido en el representante de una arquitectura contemporánea boliviana, a través de la resignificación de la cultura de la comunidad Aimara, propia de la zona. A partir de la simbología y una paleta cromática agresiva para la arquitectura tradicional, ha creado una nueva identidad arquitectónica para los salones de baile de las comunidades locales.

 

Este caso, claramente, forma parte de la lógica postmoderna. Mamani es un constructor, no un arquitecto, que por sus intenciones plásticas y decorativas es cuestionado por la “academia”. Sin embargo, es capaz de entender y conectar de una forma más directa con la identidad y la expresión simbólica de su comunidad local.

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