It’s Banksy versus Banksy

El misterioso fenómeno del S. XXI enmascarado de hipocresía

¿Quién es Banksy? ¿Quién o quienes se esconden bajo la careta de mono que le identifica? No lo sabemos. Según los últimos estudios realizados por la Universidad Queen Mary (Londres) “el simio emperador del grafiti” es Robin Gunningham, nacido en Bristol. El artista lo niega, obviamente no le interesa mostrar su verdadero rostro. La máscara y la capucha le propician un misterio añadido, una clave de marketing que incentiva su rotundo imperio dentro del street art de esta centuria. Con su anonimato, Banksy ha creado su propio personaje, explotándolo y comercializándolo como en su día lo hicieron, entre otros muchos, Andy Warhol o el mismo Salvador Dalí.

Banksy I remember when all was trees, 2010. Detroit. Estados Unidos

Banksy, I remember when all was trees (2010). Detroit, Estados Unidos.

Banksy empieza su carrera a mediados de los noventa. La tinta de sus sprays, esgrimidos cual espadas láser de Star Wars, tiñeron de  mensajes anti-sistema  paredes de muchos edificios de su supuesta ciudad natal.  Según cuenta él mismo, está claramente influenciado por Blec le Rat, grafitero francés, padre del esténcil (calco, plantilla) y de esas “primeras ratas” que corretean deliberadamente por las ciudades, de las que Banksy se hace eco pero de las que no es su “creador”.

El trabajo de este británico es simple: se basa en recopilar imágenes, fotografías e iconos mundialmente conocidos, combinando la técnica del esténcil y el uso de los aerosoles, para dar lugar a piezas activistas, anticapitalistas e incluso ecologistas.

En el año 2000, antes de mudarse a la capital inglesa, organiza su primera exposición en un barco-restaurante de Bristol, donde consigue vender algunas obras por 1.000£ (actualmente valoradas en 30.000£). Es a partir de este momento cuando “su mala fama” empieza a vislumbrarse. Los compañeros de su mismo gremio lo critican por ser un “vendido”, ya que el street art se crea y se expone en la propia calle, no en circuitos artísticos de esta índole. Curiosamente hay grupos de grafiteros “de segunda” que pintan al lado, o incluso encima, de las obras de Banksy, protestando por su falta de integridad y de compromiso.

Banksy. Better out than in, 2013. Nueva York, Estados Unidos

Banksy. Better out than in (2013). Nueva York, Estados Unidos.

Después de varios éxitos en Bristol llega a Londres, posteriormente a Gaza e incluso a los Estados Unidos. Allí lleva acabo un tour por las ciudades más ricas y glamurosas, empujando a que los coleccionistas, “sedientos de Banksy”, destruyan muros y paredes para después exhibir, prestar o vender las obras a galeristas, ferias de arte o casas de subastas. El mismo artista no estuvo de acuerdo con este expolio, afirmando que su arte debe estar en espacios urbanos públicos. Esto último irá cambiando a lo largo de su trayectoria artística, como podemos ver.

La obra del británico “políticamente incorrecto”, tiene un doble rasero, está sujeta por una doble moralidad. ¿Cómo es posible que Banksy, artista “concienciado con el planeta”, siga ejecutando su obra a través de aerosoles, uno de los productos más contaminantes? Existen otras tintas, la Air Ink, (creada a partir del hollín reciclado que producen los automóviles) o incluso productos ecológicos, el musgo y el barro por ejemplo, que utiliza Edina Tokodi. Otro ejemplo de su doble moralidad la vemos en Turf War, Reino Unido (2003), o Elephant in the room, Estados Unidos (2006). En ambos casos los animales vivos son los protagonistas de sus obras, los pinta y los expone al público sin el menor recato. Aunque estas exhibiciones fueron aprobadas por sociedades como la RSPCA (Royal Society for the Prevetion of Cruelty to Animals), nos preguntamos si es necesario la utilización de animales palpitantes en la creación artística. ¿No hay otro recurso para crear?

Keep it

Banksy, Keep it spotless (2007).

En su propia página web, concebida a medida que su éxito subía como la espuma, sus obras se dividen en Outside e Inside, además de tener una sección destinada a la publicidad del hotel del que fue creador, Wallace Off en 2017, Cisjordania. Lo mismo puedes reservar una habitación por 230 € noche, que comprar un gift de Banksy dentro del hotel, sin salir de su propio espacio online. En otra sección nos muestra el parque de atracciones que realizó allá por 2015, Dismaland Park (Somerset, Inglaterra), donde participaron alrededor de 60 artistas, incluido su gran amigo Damien Hirst, otro de los “fenómenos” del siglo XXI más cotizados en la actualidad por su arte conceptual.

En todo este embrollo de suspense encontramos una curiosidad más, tiene otra página web: Pest Control. Nos preguntamos cómo controla Banksy su obra, si en muchas ocasiones no están ni firmadas. La respuesta está en Pest Control, una organización orquestada por él mismo y su equipo que se encarga de validar sus obras ante los compradores. En muchas ocasiones,  según el interés de los propios  coleccionistas o de las grandes empresas dedicadas al mercado del arte, pasan por alto este proceso burocrático, y es aquí donde se cuelan las mejores falsificaciones. Por eso cuando ocurren hechos como el del pasado 18 de abril en Ferrol, esperamos, ansiosos y enloquecidos, la respuesta de ese artista anónimo. Entonces, ¿es Banksy o su propio nombre la verdadera obra de arte? El capitalismo feroz en el que estamos inmersos, la precipitación por “tener lo último de lo último” y la especulación codiciosa creada por este mercado actual, hacen que, a veces “el sueño del artista” genere monstruos difíciles de dominar.

Banksy. Elephant in the room. 2006. Los Angeles, Estados Unidos

Banksy, Elephant in the room (2006). Los Angeles, Estados Unidos.

Banksy, prolífico y controvertido, no es un “simple” grafitero. Hoteles, grafitis, documentales impresiones, instalaciones, portadas de discos; y lo más importante: uno de los reyes del merchandising actual. ¿Dónde queda Keith Haring?

Es un artilugio peligroso, un arma sofisticada para hacer dinero. Un discurso paradójico. Un artista anti-sistema que critica el capitalismo que le rodea, pero que a la vez es multimillonario y su obra está en el top 10 de las grandes casas de subastas.

Sin embargo en su última reflexión en la revista americana Village Voice, en Marzo de este mismo año, parece darse cuenta de ello y da la sensación de haber visto una luz salvadora: “El éxito comercial es un signo de fracaso para el grafitero”, declara. Nos revela también su intención de abandonar las elegantes galerías para regresar a los bajos fondos callejeros, como un Caravaggio del siglo XXI.   

Si es así, entonces y solo entonces, Banksy, te daremos una segunda oportunidad.

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