Paco Poyato y los rituales compartidos

Gastan fama ya las fotografías de Paco Poyato, atrevidas montañas rusas para montar por encima de las fronteras del contexto exclusivamente musical y aterrizar en una tierra ecléctica entre los rituales compartidos, las personalidades individuales y una marcada infraestructura estética. Nuestro protagonista ha encontrado la fórmula directa para profundizar en la identidad humana en los campos complejos de la banalidad y de la globalización. Su fotografía se instala en la vertiente lúdica y tribal de las actividades humanas, tanto en su llamativa y efectista visión de los eventos musicales como en su inesperado y entrañable trabajo más personal.

Paco Poyato y los rituales compartidos

Fotografía del FIB, de Paco Poyato.

Aunque pudiera parecerlo, la sonoridad pícara de su nombre no responde a una estrategia comercial, es el suyo verdadero, y Paco es consciente de las connotaciones curiosas del mismo. Este madrileño de espíritu cosmopolita criado en Ceuta cuenta con una larga y completa formación en Imagen y Fotografía Documental. También ha participado en diversas exposiciones en lugares como Malasia, Berlín, Londres, Valencia, Castellón y Madrid. En el año 2016 fue seleccionado en Descubrimientos PhotoEspaña, a su vez cuenta con varias menciones especiales. Numerosas publicaciones en su mayoría de estética urbana se rifan sus series: VICE, Der Greif, Vanity Fair o Wag1Mag. En su trayectoria ha realizado muchos trabajos editoriales, comerciales y comisiones sin renunciar nunca a su estilo vibrante, moderno y actual.

Paco Poyato y los rituales compartidos

Fotografía ‘Lust Days’, de Paco Poyato.

Me considero una persona extrovertida, pero con cierto grado de timidez, cosa que con la cámara me ayudo a superar esas barreras mentales”

Y es que Paco tiene ese contoneo: un infalible detector del factor cool en los retratos y una inocente mirada que tiende a la nostalgia en sus trabajos más personales sin fatigarse en ningún movimiento. En la forma, envuelve sus imágenes de una ornamenta vanguardista y en sus encuadres tiende a esos cortes poco comunes que recuerdan al gran Martin Parr o a la irreverente gallega moderna Lua Ribeira. Especialmente en sus retratos, parece en ocasiones más interesado en documentar conscientemente la heterogeneidad dentro de un mismo grupo que en explotar de forma fácil la imagen común de sus sujetos. Sorprende la cercanía con la que dispara, y esto nos hace preguntarnos sobre la personalidad del propio artista: “Me considero una persona extrovertida, pero con cierto grado de timidez, cosa que con la cámara me ayudo a superar esas barreras mentales para interactuar con la gente”. Entre sus trabajos en los festivales musicales, podemos encontrar primeros planos de gente trendy en los que destacan esas marcas estéticas diferenciadoras como pueden ser los tatuajes, las gafas de sol, los atuendos urbanos o los característicos de algunas tribus. Y aunque Paco ha capturado una infinidad de micro mundos, sus metas están aún lejos de batirse como revelan sus palabras: “No he fotografiado a tantas subculturas como me hubiera gustado o pudiera parecer, ni me he metido de lleno en retratar sus realidades, pero te diría que los Heavys han sido los que más me han atraído y he disfrutado fotografiándolos, primero desde el punto de vista meramente estético, y luego por sus ritos compartidos. Estoy acostumbrado a ir a festivales de temática genérica y ver en muchos casos que la gente se disfraza para la ocasión, cosa que por otra parte también me encanta, por ejemplo en el Primavera Sound, pero es verdad que todo cambia a mejor cuando asistes a festivales más temáticos, todo es como más real”. Además, conjuga bien la imagen de los géneros musicales en estas comisiones que lo convierten en el voyeur privilegiado entre las masas que acuden a escuchar a sus grupos favoritos y que se topan con su selectiva cámara mágica: “Para elegir a la gente a fotografiar me dejo llevar por la primera impresión, se trata de algo instintivo que se escapa a la razón, también juega un papel importante su aspecto, luego la foto puede o no funcionar”. Funciona Paco, funciona.

Paco Poyato y los rituales compartidos

Fotografía ‘FESTIVAL DE LES ARTS, VLC 2014’, de Paco Poyato.

Entre sus series, aconsejo la revisión de la abstracción cósmica y festiva de Lust Days en la que prácticamente puedes sentirte bajo el influjo de alguna substancia con solo mirar esas nubes de colores, las texturas de las pieles desnudas, maquilladas o pintadas, la buscada y exagerada psicodelia, y otros elementos que usa como filtros: los envoltorios de plástico, las telas, las redes, las piedras y el agua. Todo juega a su favor. El boxeo por su parte encuentra justicia poética en Pugilato, un conjunto de imágenes masculinas brillantes, salpicadas de sudor y sangre que simbolizan el esfuerzo y el sacrificio de esta disciplina. Dentro de su serie Nostalgia asoma una chispa de desparpajo y frescura en la espontaneidad de las imágenes de aspecto vintage y el respetuoso prisma que usa: “Por los temas que trato en mi trabajo llamémosle personal nunca he sentido miedo, ya que siento que no estoy haciendo nada malo, es verdad que hay veces en las que uno tiene que ir con más tacto, por eso intento evitar situaciones que puedan convertirse en incómodas para el sujeto fotografiado y para mí, si veo que la foto no procede por los motivos que sean no la fuerzo”.

Paco Poyato y los rituales compartidos

Fotografía del FIB, de Paco Poyato.

Si te quedas con ganas de más, debes explorar Volcano, en la que el detonante discursivo es la conexión inesperada dentro de la serie y el impacto visual que logra. Este último trabajo me recuerda a la originalidad e irreverencia expresiva de las series de Lua Ribeira. El cómo llega a tener la certeza de que ha dado con un motivo suficientemente interesante que funcione como el vínculo de una serie, nos lo resume de la siguiente forma: “Normalmente cuando me propongo hacer un tema es porque hay algo de él que me atrae, pero no sé si se va a convertir en proyecto o no hasta que no lo hago. En la manera de proceder, no soy de documentarme previamente, soy más de dejarme llevar por el instinto, siempre teniendo en cuenta qué es lo que voy a hacer y por qué”.

Para elegir a la gente a fotografiar me dejo llevar por la primera impresión, se trata de algo instintivo”

La nostalgia también está presente en su particular viaje por lo que queda de la Ruta del Bakalao. Sobre este fascinante e histórico capítulo de la iconografía española, le preguntamos a qué huele hoy esta ruta: “Huele a campos de arroz, también a mar y a huerta Valenciana, la mayoría de estas discotecas están situadas en los poblados del Sur de Valencia, para llegar a ellas hay que atravesar el paraje de la Albufera; se trata de una ruta muy recomendable para hacer aunque solo sea por ver esos paisajes maravillosos de la huerta Valenciana. La mayoría de estas discotecas son bastante accesibles, están muy a la vista, imagínate, en medio de campos de arroz, por allí el paisaje suele ser bastante plano y las discotecas destacan dentro de él. Al hacer esta serie, llegué a sentir cierta empatía por lo que pudo ser aquella época, me imaginaba cómo debieron ser esos amaneceres en medio de tales paisajes bucólicos y con los sentidos a flor de piel, seguro que fue algo maravilloso”. Si alguna vez disfrutaste la ruta, si eres de los que simplemente soñaron con vivirla o si eres un millenial que solo ha escuchado alguna vez sobre la Ruta Destroy, seguro que las palabras de Paco no han hecho más que reforzar en todos la leyenda romántica de estas fiestas que tanto juego y escándalo dieron a los medios sensacionalistas en su momento. Dios salve a Chimo Bayo.

Paco Poyato y los rituales compartidos

Fotografía ‘PRIMAVERA SOUND 2’, de Paco Poyato.

La existencia de las ramificaciones por un lado profesionales y por otro personales en su producción artística, nos hacen preguntarnos sobre los procesos creativos de ambas, y si de alguna forma siente una presión por cumplir con los cánones de una publicación o con lo conocido por comercial. Sobre esta cuestión Paco nos clarifica: “La relación con los medios es buena, hay bastante respeto con el trabajo que uno hace, no siento que esté cambiando mi manera de trabajar con respecto a mi trabajo personal. Otra cosa aparte son las comisiones, más tratándose de publicaciones on-line, en las que éstas son más reducidas. Suele haber más dinero cuando se trata de un medio impreso el que te comisiona un encargo, todo depende también del medio en cuestión, el número de fotos, etc…”. En estas comisiones, Paco tiende al minimalismo, un estilo que podría considerarse algo antagónico con la fotografía de conciertos. Estas composiciones limpias hacen que nos planteemos si se producen de forma natural o intencionada, a esto nos responde: “Pues te digo que ambas cosas, es algo innato en uno pero que va tomando forma por las influencias de todo lo visto con anterioridad”.

Por curiosidad y por su relación estrecha con el mundo de la música, nos planteamos qué escucha el fotógrafo: “Musicalmente hablando soy bastante heterogéneo, no tengo un estilo o grupo fetiche, aunque sí que hay artistas que quemo en Spotify como puede ser Christopher Owens, ya bien en solitario o con su extinto grupo Girls”. Curiosamente este cantante americano de indie pop podría colarse fácilmente entre los retratados más cool de Paco por su desgarbada belleza y por su look desenfadado con un aire a Kurt Kobain.

Paco Poyato y los rituales compartidos

Fotografía ‘ROTOTOM SUNSPLASH’, de Paco Poyato.

Sobre la casi omnipresente cuestión de la relación con las redes sociales, se posiciona en un punto intermedio positivo pero realista: “me gustan, las veo necesarias, vistas como un gran escaparate para poder mostrar nuestro trabajo a un público inacabable, por las conexiones y sinergias que surgen de ellas, etc… Luego la repercusión es algo bastante relativo, puedes tener muchas visitas pero que éstas no sean por parte de las personas adecuadas. Hoy en día todo va por número de visitas, yo estoy más del lado de la calidad antes que la cantidad”.

Hay en Paco Poyato un afinado equilibrio entre sus evocadoras series de los ritos compartidos y los retratos en los que sin quererlo dictamina lo que está de moda escarbando en las subculturas. Sin ruptura. En ambos lados suelda las imágenes de una forma entretenida, deshilando la identidad individual dentro del colectivo. Y es justo ahí donde consigue el crescendo y la catarsis luminosa.

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