En bref
- Expo Sevilla 92 actuó como catalizador de una Transformación urbanística que reordenó río, movilidad y centralidades.
- La Cartuja pasó de periferia funcional a laboratorio urbano, y después a distrito productivo con identidad propia.
- Las grandes Infraestructuras (puentes, AVE, rondas, aeropuerto) cambiaron hábitos cotidianos y lógicas metropolitanas.
- El Legado Expo se mide hoy por reutilización, empleo y capacidad de atraer innovación y cultura, pero también por vacíos y fricciones.
- El Parque Tecnológico Cartuja consolidó masa crítica empresarial y universitaria, con retos de vivienda, sombra climática y conectividad fina.
Sevilla vivió en 1992 una coreografía urbana poco frecuente: una ciudad que se ensaya a sí misma bajo los focos del mundo. La Expo Sevilla 92 no se limitó a levantar pabellones; empujó decisiones que llevaban décadas esperando, desde el reencuentro con el Guadalquivir hasta la cirugía del ferrocarril. Por eso, hablar hoy del Legado Expo exige mirar la ciudad como un sistema: agua, movilidad, economía, cultura y memoria. En ese sistema, La Cartuja fue escenario y, con el tiempo, experimento. Primero, isla urbanizada a contrarreloj; después, territorio difícil de habitar en lo cotidiano; más tarde, distrito de trabajo y conocimiento con el sello del Parque Tecnológico Cartuja. Treinta años no borran las tensiones, pero sí ofrecen perspectiva: la Sevilla que se visita, la que se trabaja y la que se imagina se reordenaron alrededor de nuevas Infraestructuras y de un relato de modernidad que aún condiciona el Desarrollo urbano. La pregunta, por tanto, no es solo qué queda en pie, sino qué se usa, quién lo usa y con qué coste.
Expo Sevilla 92 y Transformación urbanística: la ciudad como proyecto total
Antes de 1992, Sevilla arrastraba límites físicos y mentales. Sin embargo, el evento funcionó como una fecha de entrega inapelable, y ese calendario aceleró obras que, de otro modo, habrían tardado años. Así, la Transformación urbanística se entendió como una suma de decisiones coordinadas: conectar, coser, abrir y representar. Además, el urbanismo adquirió una dimensión escénica, porque cada intervención debía ser útil y, al mismo tiempo, visible.
La clave fue la escala. Por un lado, se actuó sobre piezas metropolitanas, como accesos y rondas. Por otro, se intervinieron espacios de uso diario, como avenidas y equipamientos culturales. Esa mezcla explica por qué el Urbanismo Sevilla posterior no se entiende sin 1992. A la vez, el proceso dejó un aprendizaje: cuando la ciudad trabaja con un horizonte común, los proyectos se encadenan con menos fricción.
Un relato de modernidad: del símbolo al hábito
La Expo ofreció iconos, aunque el verdadero cambio llegó cuando esos iconos se convirtieron en rutina. Por ejemplo, el salto cualitativo en movilidad no se midió solo en tiempos de viaje, sino en decisiones familiares: vivir más lejos del trabajo, visitar más barrios, programar escapadas. Del mismo modo, la nueva oferta cultural ayudó a consolidar una ciudad que ya no dependía únicamente del centro histórico como escenario.
Para sostener el hilo conductor, resulta útil seguir a un personaje ficticio: Lucía, arquitecta recién titulada en 1992, que empieza a trabajar en una consultora que atiende proyectos del recinto. Años después, ya en la madurez profesional, Lucía explica a su equipo que el mayor cambio fue “de mentalidad”: Sevilla entendió que podía dialogar con estándares internacionales. Esa frase, aunque sencilla, describe el efecto de un urbanismo que aspiró a ser competitivo sin renunciar a la identidad.
Una transformación con zonas de sombra
Ahora bien, un proyecto tan grande también generó desajustes. Algunos espacios nacieron como “ciudad escaparate”, y luego costó dotarlos de vida cotidiana. Además, el mantenimiento de áreas singulares y la adaptación de edificios a usos estables plantearon retos presupuestarios. Por tanto, el Legado Expo incluye éxitos, pero también inercias difíciles.
Con todo, el balance urbano se entiende mejor si se observa el paso de la ciudad-evento a la ciudad-sistema. En esa transición, el siguiente tema aparece con fuerza: el territorio donde se concentró el experimento, La Cartuja, y su compleja reconversión.
La Cartuja 30 años después: de isla periférica a distrito de trabajo y cultura
La Cartuja era, antes del gran impulso, un territorio con escasa urbanización y con referencias patrimoniales aisladas. Sin embargo, la Expo la convirtió en un fragmento de ciudad nuevo, conectado mediante puentes y avenidas. Esa incorporación fue un giro en el mapa mental sevillano: el río dejó de ser borde, y empezó a funcionar como eje. Aun así, el pos-92 demostró que urbanizar no equivale a “hacer ciudad”.
Durante años, el lugar tuvo horarios. Se llenaba por la mañana y se vaciaba por la tarde. Por eso, al hablar de Sevilla 30 años después, la cuestión no es solo qué edificios siguen en pie, sino cómo se produce el arraigo. Allí donde faltan viviendas y comercio de proximidad, la vida urbana cuesta más. En consecuencia, el distrito ha dependido mucho de eventos, oficinas y campus.
Reutilización: del pabellón como objeto al pabellón como infraestructura
La reutilización de los pabellones fue una prueba de realismo. Algunos se adaptaron con rapidez a usos institucionales, educativos o empresariales. Otros, en cambio, sufrieron periodos de abandono o transformaciones poco finas. Aun así, la idea más fértil fue entender cada edificio como un “contenedor flexible”. Así, un pabellón podía alojar desde divulgación científica hasta formación tecnológica, siempre que se resolvieran climatización, accesos y normativa.
Lucía, ya en los 2000, participa en la adecuación de un inmueble con valor arquitectónico. En las reuniones insiste en una regla: intervenir lo mínimo para ganar lo máximo. Ese criterio, cercano a la Rehabilitación urbana, evita que el legado se convierta en decorado. Además, facilita que la memoria conviva con nuevas exigencias de eficiencia energética.
Espacio público y movilidad interna: la asignatura de lo cotidiano
Mientras los grandes gestos conectaron la isla, la movilidad fina tardó más en madurar. Paradas, sombras, itinerarios peatonales y continuidad ciclista marcaron la experiencia diaria. Por tanto, el reto ha sido convertir trayectos funcionales en paseos habitables. En una ciudad calurosa, esa diferencia pesa.
Además, los bordes importan. Cuando un distrito se percibe como “enfrente”, la integración social se ralentiza. De ahí que el diálogo con Triana, Los Remedios y el Centro haya sido tan decisivo. Y ese diálogo conduce directamente al siguiente núcleo: el río y las Infraestructuras que lo hicieron permeable.
Infraestructuras del 92: río, puentes y dársena como nueva gramática urbana
La relación de Sevilla con el Guadalquivir siempre fue intensa y ambigua. A veces, el río se celebraba; otras, se temía por las inundaciones. La operación de la dársena reordenó esa relación al recuperar un brazo navegable y separar funciones hidráulicas. Además, la eliminación de barreras históricas permitió que la ribera volviera a ser un frente urbano, no un fondo olvidado.
En términos de Desarrollo urbano, el cambio se notó en la continuidad: paseos, vistas y nuevas centralidades. A la vez, el río se transformó en un argumento de proyecto para equipamientos y espacios públicos. De pronto, mirar al agua volvió a tener sentido práctico y simbólico.
Los puentes como costuras: seis piezas y muchas lecturas
La construcción de nuevos puentes reescribió distancias. No se trató solo de ingeniería, sino de psicología urbana. Cuando un puente funciona, un barrio deja de sentirse lejos. En ese contexto, el conjunto de conexiones —Alamillo, Barqueta, Cristo de la Expiración, Pasarela de la Cartuja, Delicias y Centenario— articuló accesos a la isla y, de paso, redistribuyó flujos entre Triana, Los Remedios y el casco histórico.
Sin embargo, cada puente introdujo un tipo de ciudad. Algunos privilegiaron el automóvil; otros, la escala peatonal. Por eso, la gestión actual busca equilibrar capacidades, seguridad vial y calidad paisajística. Además, en los últimos años se han reforzado usos deportivos y recorridos ciclistas, lo que multiplica el valor social de la ribera.
Mapas mentales: de la barrera al paseo
Un indicador simple ayuda a entender el giro: la gente empezó a decir “vamos al río”. Esa frase, cotidiana, refleja una apropiación. Antes, el tren y ciertas infraestructuras ocultaban la lámina de agua. Después, la apertura visual generó nuevas prácticas: correr al atardecer, cruzar a un evento, visitar un museo en la isla. En suma, el Guadalquivir dejó de ser límite, y pasó a ser escenario compartido.
Ese escenario, no obstante, necesitaba otra operación decisiva: liberar a la ciudad del “muro” ferroviario. Por tanto, el siguiente apartado se centra en Santa Justa, el soterramiento y la nueva avenida Torneo.
Urbanismo Sevilla y ferrocarril: Santa Justa, AVE y el soterramiento que liberó Torneo
Durante décadas, el tren marcó fronteras internas. Vías y ramales dibujaban un borde duro que condicionaba recorridos y ocultaba el río. Con la concentración del tráfico en Santa Justa y la llegada de la alta velocidad, Sevilla pudo reorganizar su esqueleto ferroviario. Además, el soterramiento de líneas hacia el sur liberó suelo, cosió barrios y habilitó nuevas avenidas.
La estación de Santa Justa no fue solo un edificio. En la práctica, actuó como un nuevo umbral urbano: llegada de visitantes, puerta de negocios y factor de centralidad. Por eso, el AVE tuvo un efecto cultural. Viajar a Madrid en pocas horas cambió agendas, reuniones y oportunidades, y esa aceleración se filtró en el mercado laboral y en el turismo.
Torneo: cuando una avenida reemplaza a una barrera
La intervención en Torneo sintetiza la lógica del periodo: sustituir un obstáculo por un corredor. Donde antes había un “muro” de vías, apareció una avenida con relación al frente fluvial. Así, el eje mejoró la conexión entre Centro, Nervión y Buhaira, y también permitió nuevas lecturas del borde histórico. En paralelo, el paseo fluvial consolidó un espacio público continuo.
Lucía recuerda un comentario de un comerciante cercano a Plaza de Armas: “Ahora el río se ve”. Esa observación, aparentemente menor, describe una ganancia urbana real. Cuando el paisaje reaparece, se activa el deseo de recorrerlo. Además, se revalorizan tramas cercanas y se incentiva la inversión privada.
Rehabilitación urbana y patrimonio: Itálica, museos y teatros
La operación 92 no fue solo movilidad. También impulsó mejoras culturales: rehabilitaciones, reformas y nuevos equipamientos. Entre ellos, destacan el impulso del Teatro de la Maestranza y el Teatro Central, además de intervenciones en el Museo de Bellas Artes y en los museos de Plaza de América. Asimismo, la puesta a punto del Teatro Lope de Vega y la mejora de Itálica reforzaron un circuito patrimonial más competitivo.
Estas actuaciones revelan una idea clave: el patrimonio no vive solo de conservación, sino de uso. Cuando la programación es sólida, la arquitectura se mantiene y la ciudad gana autoestima. Así, la Rehabilitación urbana se entiende como inversión en vida cultural, no como simple maquillaje.
Con el tren reordenado y el centro mejor conectado, el foco se desplaza hacia la red viaria y el aeropuerto, piezas decisivas de las Infraestructuras que sostienen la economía urbana.
Parque Tecnológico Cartuja e Infraestructuras viarias y aeroportuarias: de la promesa al rendimiento económico
El pos-Expo tuvo una etapa de incertidumbre. Algunos esperaban una reconversión inmediata del recinto en motor económico, pero la consolidación llevó tiempo. Aun así, el Parque Tecnológico Cartuja terminó por construir una identidad productiva apoyada en empresas, centros de investigación y formación. Según memorias recientes del propio parque, su actividad económica ronda los 3.000 millones de euros, reúne más de 500 empresas y sostiene más de 23.000 empleos. Ese volumen ayuda a interpretar el Legado Expo como un proceso, no como una foto fija.
Para aterrizarlo en un ejemplo, puede imaginarse una startup de sensorización climática que se instala en un edificio rehabilitado. Primero, elige Cartuja por proximidad a talento universitario. Después, crece gracias a contratos con administración y sector privado. Finalmente, atrae a proveedores y crea una pequeña cadena local. Ese encadenamiento, aunque silencioso, define el valor de un distrito de innovación.
Red viaria: A-4, A-92, SE-30 y rondas como sistema circulatorio
La mejora de conexiones por carretera fue decisiva. El desdoblamiento de grandes ejes y la articulación regional con la A-92 reforzaron la vertebración andaluza. Además, la conexión hacia el sur de Portugal amplió el radio económico. En el plano interno, la ciudad incorporó decenas de kilómetros de rondas y avenidas, lo que redistribuyó tráfico entre barrios.
La SE-30, con un tramo clave de más de 15 kilómetros, alivió durante años el paso de vehículos pesados, y mejoró enlaces con carreteras hacia Madrid, Huelva, Cádiz o Málaga. Sin embargo, el éxito trajo un dilema: cuando la capacidad aumenta, la demanda también puede crecer. Por eso, en la Sevilla reciente se combinan mejoras viarias con políticas de transporte público y movilidad activa.
Aeropuerto de San Pablo: del hito de Moneo a la competitividad turística
La ampliación del aeropuerto, con una terminal diseñada por Rafael Moneo y unos 25.000 m², se concibió para absorber un pico de viajeros durante el evento. Después, el aeropuerto consolidó su papel como infraestructura turística y de negocios. Antes de la pandemia, en 2019, registró alrededor de 7,5 millones de pasajeros, cifra que sirve como referencia de capacidad y demanda.
Además, la modernización de áreas para tráfico nacional y europeo reforzó la experiencia operativa. A la vez, creció la oferta hotelera vinculada al turismo de congresos, especialmente en áreas como Sevilla Este. Así, el aeropuerto no solo mueve personas, sino que condiciona inversión, empleo y conectividad internacional.
Tabla de lectura rápida: del 92 a la Sevilla actual
| Ámbito | Intervención vinculada a la Expo | Efecto urbano a largo plazo (Sevilla 30 años después) |
|---|---|---|
| Río | Dársena y apertura de frentes | Más espacio público y mejor integración del Guadalquivir en la vida diaria |
| Conectividad | Nuevos puentes hacia La Cartuja | Reducción de barreras percibidas y redistribución de flujos entre barrios |
| Ferrocarril | Santa Justa, AVE y soterramientos | Nueva centralidad, cosido urbano y mayor atractivo para inversión y eventos |
| Carreteras | SE-30 y rondas | Mejoras de movilidad, aunque con presión sobre tráfico y mantenimiento |
| Economía | Reutilización del recinto y creación del PCT | Consolidación del Parque Tecnológico Cartuja como clúster de innovación y empleo |
Lista de claves para evaluar el Legado Expo en 2026 sin caer en nostalgia
- Uso real: cuántas horas al día se ocupan edificios y espacios, y por quién.
- Mezcla urbana: empleo, cultura, educación y ocio, pero también servicios de proximidad.
- Conectividad fina: caminabilidad, sombra, transporte público y continuidad ciclista.
- Calidad de rehabilitación: adaptación energética y respeto a la arquitectura singular.
- Impacto económico distribuido: empleo directo e indirecto, y oportunidades para pymes locales.
Cuando estas claves se aplican con datos y recorrido de calle, el balance gana precisión. Y, a partir de ahí, surge una cuestión práctica: cómo seguir transformando sin repetir errores, y cómo cuidar lo heredado sin congelarlo.
¿Qué se entiende hoy por Legado Expo en Sevilla?
Se refiere al conjunto de efectos duraderos de la Expo Sevilla 92: infraestructuras de transporte, reordenación del río, equipamientos culturales y, sobre todo, la reutilización de La Cartuja como distrito productivo. Además, incluye aprendizajes de gestión urbana y debates sobre mantenimiento, usos y mezcla social.
¿Por qué La Cartuja tardó años en consolidarse tras 1992?
Porque el recinto nació con lógica de evento y horarios, y después necesitó usos estables, inversión y conectividad cotidiana. Con el tiempo, el Parque Tecnológico Cartuja reunió empresas, centros de I+D y formación, y ese tejido terminó dando continuidad económica y funcional al área.
¿Qué infraestructuras de la Expo cambiaron más el Urbanismo Sevilla?
El paquete fue sistémico: los puentes y la dársena reconfiguraron la relación con el Guadalquivir; Santa Justa y el AVE alteraron centralidades y tiempos; y la SE-30 junto a rondas y accesos redistribuyeron el tráfico metropolitano. El impacto se nota tanto en movilidad como en la forma de usar la ciudad.
¿Cómo se vincula la Rehabilitación urbana con los pabellones de la Expo?
Muchos pabellones se han adaptado a usos educativos, tecnológicos o culturales. La rehabilitación eficaz combina respeto por la arquitectura singular, actualización normativa y mejoras de eficiencia energética. Así, el patrimonio se mantiene vivo y útil, en lugar de convertirse en simple recuerdo.
¿Qué retos siguen abiertos en Sevilla 30 años después de la Expo?
Persisten desafíos de integración urbana de La Cartuja, movilidad de “último kilómetro”, confort climático del espacio público y equilibrio entre tráfico y sostenibilidad. También continúa el debate sobre cómo financiar mantenimiento y cómo asegurar que el legado beneficie a más barrios, no solo a los corredores más visibles.
Con 38 años, combino una formación en Historia del Arte y un MBA en Gestión de Patrimonio. Apasionada por el arte y la gestión eficiente de recursos, busco siempre integrar ambos campos para ofrecer soluciones innovadoras y sostenibles.



