En breve
- Rem Koolhaas convirtió la observación urbana en una herramienta de diseño arquitectónico, antes incluso de construir.
- OMA se consolidó como un laboratorio que une teoría, práctica y gestión de proyectos complejos.
- La filosofía arquitectónica del estudio rechaza el “estilo único” y prioriza la respuesta al contexto.
- La “Estrategia del Vacío” redefinió cómo se conciben los espacios públicos dentro de un edificio moderno.
- Obras clave como Seattle, Casa da Música o CCTV muestran arquitectura de vanguardia con impacto urbano.
- El debate actual gira en torno a escala, energía, materiales y desarrollo urbano sostenible.
En el mapa global de la arquitectura, pocos nombres tensionan tanto el límite entre idea y edificio como Rem Koolhaas. A diferencia de los autores que se vuelven reconocibles por una firma formal, Koolhaas y OMA se volvieron reconocibles por un método: leer la ciudad como si fuera un texto, detectar sus contradicciones y transformarlas en espacio. Por eso, su influencia no se mide solo en metros cuadrados construidos, sino también en la manera en que escuelas, promotores y administraciones hablan del urbanismo contemporáneo.
El giro es profundo: el edificio moderno deja de presentarse como objeto autónomo y se interpreta como pieza de un sistema. Desde bibliotecas que se organizan como infraestructuras de información hasta sedes corporativas que actúan como nodos de circulación, la innovación arquitectónica aparece menos como una ocurrencia estética y más como una estrategia cultural. Y, en un tiempo en el que el desarrollo urbano sostenible exige pruebas y no slogans, el legado de Koolhaas obliga a hacer una pregunta incómoda: ¿cómo se justifica hoy la ambición, cuando cada gesto constructivo tiene una huella?
Rem Koolhaas y OMA: origen intelectual de una filosofía arquitectónica aplicada
Del periodismo y el guion a la teoría urbana como motor del proyecto
Nacido en Róterdam en 1944, Rem Koolhaas no llegó a la arquitectura por una ruta lineal. Antes del tablero, existieron el guion y el periodismo, dos oficios que entrenan la mirada y el montaje. Así, la ciudad se volvió su material narrativo, y esa disciplina de observación terminó filtrándose en el diseño arquitectónico. En lugar de empezar por la forma, el método parte por la escena: quién entra, qué mira, qué fricción aparece y qué deseo colectivo se expresa.
Después de su paso por la Architectural Association en Londres, el salto decisivo fue la escritura de “Delirious New York”, entendido como un “manifiesto retroactivo” para Manhattan. Sin embargo, no se trató de nostalgia. Más bien, el libro legitimó una lectura de la metrópolis como máquina cultural. Por consiguiente, el proyecto arquitectónico se plantea como respuesta a fuerzas existentes, no como imposición moral. Esa postura explica por qué su filosofía arquitectónica suele incomodar a quienes buscan certezas formales.
Fundación de OMA y el laboratorio entre cultura, economía y ciudad
En 1975, Koolhaas fundó OMA junto a Madelon Vriesendorp y Elia y Zoe Zenghelis. El gesto no fue solo empresarial; también fue programático. El despacho se concibió como una oficina capaz de producir teoría y, al mismo tiempo, administrar complejidades técnicas. De hecho, desde temprano se interesó por encargos de gran escala, donde la arquitectura roza la política urbana y la economía del suelo.
En esa lógica, la ciudad deja de ser telón de fondo. Más bien, se convierte en coprotagonista. Por eso, en la conversación sobre urbanismo contemporáneo, OMA aparece como una referencia recurrente: la arquitectura se entiende como infraestructura cultural y como dispositivo social. Además, la relación con el cliente se redefine. No se trata de “encajar” un programa, sino de descubrir qué tipo de vida pública puede activar el edificio.
Un hilo conductor: la historia de Clara, gestora de patrimonio cultural
Para entender cómo opera este enfoque, resulta útil una escena verosímil. Clara dirige una fundación cultural que heredó un complejo industrial en desuso, cerca de una estación. Quiere un centro de exposiciones, pero también un lugar para formación y archivo. En un esquema convencional, el proyecto se dividiría por usos. En clave Koolhaas-OMA, en cambio, se preguntaría primero por los flujos: ¿qué recorrido hará el público, qué partes conviene ocultar y qué partes deben volverse urbanas?
Así, el edificio se diseña como guion. Primero, se define qué “momento” debe ser memorable. Luego, se decide dónde conviene crear compresión espacial y dónde conviene ofrecer una plaza interior. Por último, se negocia con el entorno, porque la estación y su ritmo importan. En consecuencia, la arquitectura deja de ser una carcasa neutra y se vuelve una negociación entre cultura, logística y deseo colectivo. La idea clave es sencilla: la forma es una consecuencia, no un punto de partida.
Arquitectura de vanguardia sin “estilo fijo”: adaptabilidad, contexto y programa como argumento
La renuncia a la firma formal y la libertad de modelos
Muchas carreras se explican por una estética constante. Sin embargo, en las obras de Rem Koolhaas esa constancia es difícil de encontrar. Esa dificultad no es un defecto, sino una tesis. La arquitectura de OMA defiende la libertad de modelos y evita la repetición de soluciones por comodidad. Por tanto, la coherencia no se busca en la apariencia, sino en el razonamiento: cada proyecto responde a un conflicto específico del lugar y del encargo.
Esta postura ha sido leída, a veces, como deconstructivista por su afinidad con la asimetría, el corte y la tensión espacial. Aun así, el resultado no depende de una teoría abstracta desconectada. Al contrario, el diseño suele anclarse en lo cotidiano: accesos, mantenimiento, seguridad, tiempos de uso y economía operativa. En esa mezcla, la arquitectura de vanguardia se convierte en una herramienta práctica, no en un gesto elitista.
Casa en Burdeos: cuando la necesidad redefine el espacio doméstico
La Casa en Burdeos ilustra cómo el programa puede producir poesía sin decorado. El encargo surgió para un cliente con movilidad reducida, y la respuesta incluyó una plataforma-elevador que actúa como habitación móvil. En vez de ocultar la condición, el proyecto la vuelve central. Así, la tecnología deja de ser un añadido. Pasa a ser un órgano de la casa que organiza el habitar.
Además, esa decisión altera el modo en que la vivienda se relaciona con la colina, la vista y la privacidad. Se abre un diálogo entre transparencia y refugio. Por consiguiente, el “lujo” ya no se mide solo por materiales, sino por capacidad de ofrecer autonomía. En términos de diseño arquitectónico, el caso enseña una lección replicable: cuando la restricción es real, la forma se vuelve precisa.
Kunsthal y Casa da Música: energía urbana y programa cultural como escena pública
El Kunsthal de Róterdam se leyó como un manifiesto de hibridación. No solo por su materialidad industrial, sino porque trabaja con recorridos cruzados, niveles y umbrales. El edificio se comporta como un fragmento de ciudad interior. En consecuencia, la visita no es lineal, y el usuario participa activamente en el montaje espacial. El museo deja de ser un contenedor silencioso y se vuelve un dispositivo de circulación.
En Oporto, la Casa da Música refuerza otra idea: lo cultural puede construir identidad urbana. Las superficies cortadas y los ángulos inesperados no buscan rareza gratuita. Buscan condensar un pulso local, entre tradición y contemporaneidad. Además, el edificio opera como hito, pero también como plaza. Esa doble condición explica su eficacia en términos de edificio moderno: icono, sí, aunque al servicio de una experiencia colectiva.
Para seguir esta línea, conviene observar cómo el método se vuelve más radical cuando el programa es masivo y la ingeniería domina el tablero.
La “Estrategia del Vacío” y la reinvención del edificio moderno: espacio público tallado en masa
Très Grande Bibliothèque: el vacío como protagonista y no como residuo
En 1989, la propuesta para la Très Grande Bibliothèque instaló una idea que sigue circulando en escuelas y oficinas: la “Estrategia del Vacío”. En vez de sumar salas dentro de un volumen, la biblioteca se concibe como un sólido de información del que se extraen cavidades. Por tanto, los grandes espacios públicos no aparecen como piezas añadidas. Se definen como ausencias talladas, con una presencia casi escultórica.
Este giro cambia la forma de pensar el edificio moderno. En una biblioteca convencional, el vacío suele ser corredor o vestíbulo. Aquí, el vacío es el evento. Además, la estrategia permite jerarquizar sin ornamentación: un gran hueco produce orientación, expectativa y memoria. Como resultado, la arquitectura maneja la emoción del usuario con herramientas elementales, aunque de gran escala.
Seattle Public Library: información, circulación y experiencia del ciudadano
La Biblioteca Central de Seattle tradujo esa inteligencia espacial a un edificio construido con fuerte vocación cívica. Allí, la colección se organiza con una “espiral” que evita rupturas y facilita el crecimiento. Sin embargo, la aportación decisiva está en la relación entre ciudad y conocimiento. La biblioteca funciona como plaza vertical, donde el acceso a la información se cruza con la estancia, el trabajo y la reunión.
En la práctica, la arquitectura reduce barreras psicológicas. El usuario no entra en un templo, sino en un sistema legible. Por consiguiente, el edificio produce ciudadanía: ofrece refugio, conectividad y convivencia. En términos de urbanismo contemporáneo, el caso es crucial porque muestra cómo un equipamiento puede comportarse como infraestructura social, incluso en un centro urbano tensionado por la desigualdad.
Tabla comparativa: principios OMA vs. enfoques convencionales
| Principio | Cómo aparece en Rem Koolhaas / OMA | Enfoque más convencional |
|---|---|---|
| Relación edificio-ciudad | Edificio como parte activa del tejido urbano, con flujos y programa mixto. | Objeto aislado, prioriza imagen y perímetro. |
| Estilo | Variable y contextual, coherente por método más que por forma. | Estética repetible, firma reconocible en serie. |
| Vacío | Vacíos tallados como espacios públicos protagonistas. | Vacío como resto: pasillo, atrio, circulación secundaria. |
| Tecnología | Motor conceptual y espacial, en diálogo con ingeniería avanzada. | Herramienta para eficiencia, menos determinante en la idea. |
| Programa | Híbrido, admite fricción y superposición para activar vida urbana. | Zonificación estable, separa usos y reduce conflictos. |
Desde aquí, el siguiente paso lógico es el territorio donde el vacío, el bucle y la megaestructura exigen decisiones que exceden el edificio: la ciudad global.
Obras de Rem Koolhaas como infraestructura urbana: de Lille a Pekín, entre crítica y poder
Lille: plan maestro, centralidad y la ciudad como proyecto económico
El plan maestro para el nuevo centro de Lille (1985-1995) muestra a OMA trabajando donde el urbanismo y la logística se cruzan. El objetivo no fue embellecer; fue reprogramar una ciudad con una nueva centralidad, apoyada en transporte, negocio y ocio. En ese marco, la arquitectura opera como catalizador. Por tanto, la pregunta relevante no es “qué forma tiene”, sino “qué tipo de actividad hace posible”.
El caso enseña una idea útil para gestores urbanos: la forma urbana puede administrar tiempos. Si se conectan estaciones, equipamientos y oferta pública, se construye continuidad. Además, se produce atracción económica. Sin embargo, ese éxito abre un dilema contemporáneo: cuando la ciudad se vuelve más “competitiva”, ¿quién paga el costo del suelo y quién queda desplazado? La discusión, vigente en 2026, vuelve a Koolhaas un autor incómodo y necesario.
CCTV en Pekín: ingeniería, símbolo y el debate sobre escala
La sede de CCTV en Pekín se volvió un ícono global por su forma en bucle, fruto de una ambición estructural poco común. La obra mostró cómo la innovación arquitectónica puede apoyarse en cálculo avanzado y coordinación interdisciplinar. Además, el edificio reescribe la tipología de torre, porque reemplaza la verticalidad pura por una continuidad cerrada. Esa decisión cambia el modo de trabajar dentro y el modo de mirar desde fuera.
Aun así, el proyecto también concentró críticas. Algunos observaron su escala y su potencia simbólica en un contexto de poder mediático. Otros cuestionaron el impacto urbano de una megaestructura. En consecuencia, el edificio se convirtió en un caso de estudio sobre ética profesional, geopolítica y representación. La lección es nítida: en la ciudad global, el diseño arquitectónico no es neutral, incluso cuando se presenta como pura técnica.
Lista de lecturas útiles para visitar OMA sin perderse (método de observación)
- Recorrido: identificar si el edificio propone una “calle interior” o una secuencia de escenas.
- Programa híbrido: detectar dónde se mezclan usos y qué fricción se busca activar.
- Vacío protagonista: ubicar el gran espacio público y entender qué orienta y qué oculta.
- Materialidad: observar si la estética industrial se usa como lenguaje urbano y no como adorno.
- Relación con infraestructura: mirar cómo se engancha a metro, estación, viario o redes de servicios.
Con estas herramientas, el debate se desplaza hacia una exigencia actual: la sostenibilidad no puede quedarse en discurso, por lo que conviene mirar cómo OMA se adapta a nuevas métricas.
Desarrollo urbano sostenible y OMA: tensiones, métricas y nuevas alianzas técnicas
De la iconografía a la performance: energía, carbono y ciclo de vida
El desarrollo urbano sostenible ha cambiado el tablero de la arquitectura. Ya no basta con producir un hito. Ahora se exigen números: carbono incorporado, energía operativa, durabilidad y posibilidad de reutilización. En este contexto, el legado de Rem Koolhaas se relee con una doble lupa. Por un lado, su método permite integrar complejidad programática que reduce desplazamientos. Por otro lado, la escala de algunos proyectos obliga a justificar materiales y sistemas con rigor.
En términos de gestión patrimonial, la pregunta se vuelve estratégica: ¿qué decisiones aumentan el valor cultural sin disparar la huella? Aquí, el enfoque OMA ofrece un punto de apoyo: priorizar lo esencial. Si el edificio se concibe como sistema de espacios bien jerarquizados, se evitan redundancias. Además, cuando el vacío organiza, se pueden optimizar circulaciones y reducir superficie inútil. Así, una idea teórica termina impactando en el desempeño.
Rehabilitación y reutilización: el caso Garage Museum y la ciudad que ya existe
La rehabilitación del Garage Museum of Contemporary Art en Moscú evidenció otra dirección: trabajar con lo existente para ganar tiempo y carbono. Aunque cada contexto tiene sus sombras, la lógica es clara. Reusar estructura y envolvente evita demoliciones y disminuye transporte de materiales. Además, la arquitectura incorpora capas históricas sin convertirlas en postal. Por consiguiente, el edificio puede hablar del presente sin borrar su pasado.
Para Clara, la gestora cultural, esta lección es concreta. Si el complejo industrial se transforma sin negar su crudeza, el relato patrimonial se vuelve creíble. A la vez, el presupuesto puede enfocarse en accesibilidad, climatización eficiente y mantenimiento. En suma, la arquitectura de vanguardia se vuelve operativa cuando acepta la ciudad construida como materia prima, no como obstáculo.
Asociaciones con ingeniería y gobernanza del proyecto: sostenibilidad como coordinación
En los últimos años, OMA ha intensificado colaboraciones con ingenierías y consultoras para responder a exigencias ambientales y normativas. Esta tendencia no es decorativa. La sostenibilidad real se decide en interfaces: estructura y fachada, instalaciones y uso, mantenimiento y gestión. Por tanto, el arquitecto actúa como coordinador de un ecosistema técnico, donde cada decisión se traduce en coste y huella.
En la práctica, el reto está en no diluir la ambición espacial. Un edificio eficiente pero banal tampoco construye ciudad. Por eso, el aporte de la filosofía arquitectónica de Koolhaas sigue vigente: convertir restricciones en argumentos de proyecto. Cuando la normativa limita, se puede reimaginar el programa. Cuando el carbono pesa, se puede apostar por reutilización y por materiales de menor impacto. La idea final es exigente: sin narrativa espacial no hay ciudad; sin métricas no hay futuro.
¿Qué define la filosofía arquitectónica de Rem Koolhaas frente a otros autores contemporáneos?
Se define por un método de lectura urbana y cultural que prioriza flujos, programa y contexto. Además, evita un estilo fijo y usa la teoría como herramienta de proyecto, no como adorno. Así, el edificio moderno se entiende como parte activa de la ciudad.
¿Qué es la “Estrategia del Vacío” y por qué sigue siendo relevante?
Es un enfoque donde los espacios públicos se conciben como vacíos tallados en un volumen denso, en lugar de añadirse después. Sigue siendo relevante porque ayuda a jerarquizar, orientar y construir experiencia cívica con decisiones espaciales claras, útiles en bibliotecas, museos o infraestructuras.
¿Cuáles son obras de Rem Koolhaas que mejor muestran arquitectura de vanguardia?
Entre las más citadas están la Biblioteca Central de Seattle, la Casa da Música en Oporto, la sede de CCTV en Pekín, la Casa en Burdeos y el Kunsthal de Róterdam. Cada una explora tipologías distintas, con innovación arquitectónica ligada a programa y ciudad.
¿Cómo dialoga OMA con el desarrollo urbano sostenible en el contexto actual?
El enfoque actual pasa por medir impacto (energía y carbono), potenciar reutilización y coordinar ingeniería desde etapas tempranas. OMA tiende a convertir esas restricciones en decisiones de diseño arquitectónico, buscando rendimiento sin perder ambición espacial y urbana.
Con 38 años, combino una formación en Historia del Arte y un MBA en Gestión de Patrimonio. Apasionada por el arte y la gestión eficiente de recursos, busco siempre integrar ambos campos para ofrecer soluciones innovadoras y sostenibles.



