Arte y cultura

LA COINCIDENCIA ES IRÓNICA

Las dos caras de un mismo universo miran a través de la crisis del sector artístico
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Darío Escobar y Octavio Zaya son dos grandes personalidades internacionales con una amplia trayectoria internacional. Foto: Artland y ArteBA Fundación.

El mundo del arte, depende de la perspectiva que se mire puede ser pasión, dinero, frivolidad, penurias, belleza, conocimiento… Aunque hoy las cifras nos digan que visitamos los museos, “TEA registró la visita de 81.987 personas durante el pasado año y en este tiempo se realizaron 17 exposiciones”, según el balance del año 2017 que presentó José Luis Rivero. Esto significa que en cada exposición, de media, hay 5.000 visitas; y si lo comparamos con la población de Tenerife (dado que es una institución insular) la cifra es irrisoria. Tan solo el 9% de los tinerfeños han acudido a alguna exposición organizada por el TEA durante ese mismo año.

Para adentrarme en el porqué de esta crisis de público me reúno con dos personas que conocen muy bien este mundo. Por un lado el artista contemporáneo Darío Escobar, de Guatemala, y por otro el crítico de arte y comisario de exposiciones grancanario Octavio Zaya. El primero ha recorrido toda Latinoamérica con sus singulares objetos descontextualizados y reconvertidos en piezas de arte y el segundo ha montado exposiciones en los centros de arte más importantes del mundo, la última para el Museo Reina Sofía. Ambos coinciden en Tenerife por la muestra La Ironía de la Coincidencia, con piezas de Darío y comisariada por Octavio en la Galería Leyendecker.

'La ironía de la coincidencia' se podrá visitarse en la Galería Leyendercker (Rambla de Santa Cruz, 86. S/C de Tenerife) hasta el 11 de febrero.

‘La ironía de la coincidencia’ se podrá visitarse en la Galería Leyendercker (Rambla de Santa Cruz, 86. S/C de Tenerife) hasta el 11 de febrero.

 Una visión distorsionada

La falta de público en las exposiciones, y ambos coinciden, se debe en parte a la visión que tiene el público en general del arte. Lo ven “como una parte elitista de la que no puedes formar parte”, piensa el artista. Pero Zaya va un poco más allá y busca responsables: “Eso es un problema de los medios. Los medios de comunicación han fomentado las subastas por encima de las exposiciones de un artista”. Coinciden en que es más “sexy” informar de por cuántos millones se ha vendido un Picasso, por ejemplo, que de la última exposición de cualquier centro artístico. “Ellos (los medios) han fomentado el carácter capitalista y financiero del arte”, sentencia Octavio Zaya.

Es por esta distorsión por lo que es interesante la visión que tienen ambos del arte y del mercado que le rodea. “Yo creo que hay dos esferas: una donde está el arte y una donde está el mundo del arte, que es puro mercado”, explica Darío Escobar. El comisario de exposiciones explica estas dos esferas y su relación, a veces antagonista, como algo natural: “Por ejemplo, en NY hay como 400.000 artistas. ¿Cómo vas a alimentar a 400.000 artistas? Hay como 300 galerías a las que los pobres van de mes en mes para ver si pueden pagar el alquiler del piso o del estudio”, cuenta. También enfatiza en la idea de que el mercado artístico “no es como se pinta”, hay mucho más allá de las grandes casas de subastas, reservadas para los que “tienen la suerte de tener millones”.

Octavio Zaya describe su obra como una lucha contra ese mercado: “Escobar mantiene un diálogo constante con la cultura del consumo global a través de objetos industriales que desafían al espectador a reconsiderar la relación con el consumismo”.

Mercado vacío pero necesario

El mercado del arte, en palabras de Zaya, “es un mercado puro y duro”. Tanto es así que Escobar se siente un tanto incómodo en ese espacio: “A veces como artista es bien difícil. Yo trato de no saber”. Pero ¿es negativo que haya tal mercado moviendo tal volumen de dinero? Octavio Zaya lo tiene claro: “Sin ese mercado el mundo del arte estaría ahora mismo pintando en cuevas”.

A los grandes inversores y coleccionistas parece que no les interesa ni el arte ni su divulgación. Han llegado a ese mundo para enriquecerse: “Te compran tres cuadros y no importa de qué”, señala el curator grancanario. “Y después  lo va a ir a vender cuatro veces el precio que le costó”, apostilla Darío Escobar. Y es que la gran responsabilidad de despertar la inquietud cultural parece residir en las instituciones públicas y en la sociedad misma. Para las instituciones privadas y los dueños de esas piezas únicas, que son dignas de admirar, lo que importa es el dinero, no el público.