Límites oportunos

“El valor de muchas posibilidades, grandes y pequeñas, ligadas a la oportunidad de estar en el mismo espacio con otras personas, verlas y oírlas, queda subrayado por una serie de observaciones que indagan la reacción de la gente ante la presencia de otras personas en los espacios públicos”.

Debemos considerar el espacio urbano habitado en constante movimiento que, desde varias realidades, tanto objetivas como subjetivas, bajo parámetros de lugar, tiempo y cultura; se representan mediante “piezas” que reconstruye el espacio significante de la escena, donde se harán partícipes los cambios sociales y la interacción entre las personas en relación con la transformación del entorno urbano, sus usos, el entorno cultural e histórico visual conjuntamente.

Mi última ciudad visitada me ha hecho reflexionar sobre cómo los espacios generan posibles entornos en las ciudades interesantes.

No podemos olvidar que espacios sin actividad, como no lugares están muertos. Estaría bien volver a creer en la sociadad imagianda por Constant, pensar en un New Babylon, pero seamos realistas. Pensar sobre una  sociedad creativa, liberada del trabajo cotidiano, construida para lo que se denomina Homo Ludens, el Hombre Lúdico.

New Babylon, de Constant.

New Babylon, de Constant.

Las ciudades en las que vivimos no se alejan mucho de los espacios que se pensaban para New Babylon, amplias redes que se conectan y contienen espacios transparentes. Hablamos de nuestras calles, redes de transporte y múltiples espacios que se reconstruyen continuamente. Hemos conseguido parte de esta utopía. Los espacios se reconfiguran de manera espontánea a demanda de las sociedades que viven estos espacios.

Las ciudades necesitan una mirada inconsciente, libre de percepciones para convertirse en un atractor, expresando la esencia vivida.

Nuestro mayor erro como arquitectos planificadores es pensar en cómo hacer ciudad nada más, y no. Debemos pensar en cómo crear los espacios que nos permitan crear y recrear la ciudad al gusto de todos, a sus necesidades.

No podemos tener una ciudad con un río o con un mar y crear un puerto de mercancías, eliminar las oportunidades que generan estos espacios, porque si no dejará será una ciudad sin mar o una ciudad sin río y pasará a ser simplemente una ciudad cualquiera.

Las configuraciones de las redes no se mantienen de forma aislada, todos los puntos están conectados, tanto si son importantes como si no, y todos tienen que estar perfectamente integrados, no generar vacíos dentro del conjunto. Una mala configuración del espacio público puede provocar un problema de relación y utilización de los espacios. Todo ello no depende exclusivamente de una conexión física, depende de programática material y social.

Vista de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife.

Vista de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife.

Un ejemplo claro del mal funcionamiento de ello es Santa Cruz de Tenerife, con un potencial enorme para ser una ciudad destacada. ¿En qué momento alguien pensó en robar un elemento tan fundamental como es el borde del mar? ¿Cuándo se pensó en que un proyecto asfaltado sustituyera a un borde natural?

Analicemos los Carnavales como atractor, y nos volveremos a dar cuenta que el Constant situacionista predicó sobre esto y que poco a poco vamos acercándonos más a sus teorías. Este evento debe tomarse como una situación construida en una ciudad, en un momento de la vida concreto, organizado para el colectivo y que genera un ambiente unitario, como un lugar de acontecimientos, situaciones, música, trajes, bailes; al que cualquier persona puede acceder y, por unos días, los habitantes se sienten ciudadanos. Sería maravilloso pensar que por un momento esta situación no llegase a su fin, que tuviese una intensidad, como esa red que se regula en un constante movimiento y que, de vez en cuando, tiene picos de intensidad.

¿Por qué frenar este momento lúdico? ¿Por qué no crear ciudades atractivas, intensas, que se renueven, que se reciclen y se reinventen? Donde lo que prime sea la vida social, compuesta por múltiples programas, actividades; o usos que se demanden, dentro de un todo, modelados por el hombre, en conexión con el paisaje y la ciudad.

Vista del concierto de Juan Luis Guerra durante los Carnavales del 2019.

Vista del concierto de Juan Luis Guerra durante los Carnavales del 2019.

Todas estas configuraciones espaciales que se han ido perdiendo con el tiempo en las ciudades, naturales y urbanas, se activan de una forma u otra a modo espontáneo y experimental.

Todas las ciudades necesitan transformaciones con el paso del tiempo. Estas modificaciones en la ciudad deben mantener un conocimiento previo de la historia, y de la cronología de su desarrollo, que no debe suscitar ningún perjuicio a la hora de diseñar estos espacios, generando una condición completamente contemporánea que permita la evolución y el desarrollo de esta nueva arquitectura de la ciudad y su posible intervención, plenamente morfologista.

Esta intervención lógica generará unas características físicas de la construcción, que deben cumplir con un sistema lógico funcional y que atienda a un sistema espacial pertinente para que su funcionamiento sea completo.

Estas características físicas fundamentales a desarrollar serán las relaciones entre el tejido orgánico y lo geométrico, la estructura y la forma, la vinculación entre lo preexistente y lo inesperado y la integración material del propio espacio con el entorno.

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Pero toda esta escena debe contener sus funciones oportunas y buscan siempre la continuidad dentro del entorno arquitectónico, pensado siempre como un entorno social, morfológico y paisajístico; que quiere no sólo influenciar el área urbana en la que se está interviniendo, sino que tenga una repercusión en la propia ciudad.

Por lo tanto, se debe utilizar tantos elementos urbanos como sea posible para crear territorios que contengan la variedad de usos y hacer que todo esto no se convierta en una pieza homogénea. Estableciendo un paisaje de acontecimientos con anécdotas y hechos actualizados.

El crecimiento de las ciudades potencia el concepto de borde que tienen las ciudades, y es una de las razones por la que nace el concepto de borde, como elemento que delimita su área tal cómo nos conceptualizaba Kevin Linch. Pero como ya sabemos los bordes pueden adaptar cualquier forma o cualquier situación de vacío urbano dentro de una ciudad, y cada uno debe desenvolverse de acuerdo, ya no sólo a la época en la que se desarrolla, sino a las necesidades que se demandan.

En Santa Cruz, los bordes no han sido tratados. Nuestra ciudad no fue capaz de enfrentarse a la condición que generaba el mar, tratando a este como un lugar inoportuno en vez de otorgarle la condición de meramente fantástico que generaba un montón de posibilidades.

Ahora debemos cambiar ese concepto y pensar que los bordes no nos tienen que impedir nada. Son lugares de oportunidad, y pueden generar espacios increíbles, vacíos. Son siempre un lugar de oportunidad para poder crear espacios extraordinarios, en este caso espacios que partan sobre la naturalización del lugar en el que se desarrolla la pieza.

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