METABOLISM FEVER

Pabellón de japón,Kisho Kurokawa, Expo Osaka 1970

Pabellón de japón,Kisho Kurokawa, Expo Osaka 1970.

Japón, años 60. La progresiva masificación de las sociedades hace que los arquitectos empiecen a debatir nuevas formas de la arquitectura que necesita la Nueva Era.

Las formas y funciones de la arquitectura hasta este momento se habían quedado obsoletas. Se necesitarían nuevas invenciones, estructuras flexibles, ampliables y generativas, que vayan creciendo y adaptándose a unas ciudades en continuo crecimiento.

El movimiento se llamó Metabolismo, referenciando a los procesos de las células a escala molecular de “crecer, reproducirse, mantener sus estructuras y responder a estímulos externos”.

En 1960, Kenzo Tange y otros colegas nipones como Kisho Kurokawa, Kiyonori Kikutake, Fumihiko Maki y Masato Otaka, escriben un manifiesto llamado “Metabolismo: Propuestas para un nuevo urbanismo”, durante el Congreso Mundial de Diseño de ese año. En él se empezaron a ver propuestas de ciudades jamás vistas ni imaginadas, nuevos urbanismos a una escala gigantesca y reproductiva que se entendían como ensamblajes mecánicos que organizaban el funcionamiento de la ciudad.

Este movimiento surge en Japón a la par que el movimiento Archigram de Inglaterra, que lo puedes ver en el artículo ARQTCTRA POP del mes de marzo.

Empiezan a surgir estas ideas futuristas de crecimientos orgánicos en las que la ciudad se adaptaba según las necesidades del día y del crecimiento y movimiento de la población. El primer rasgo metabolista lo vemos en el Plan de Reconstrucción de Hiroshima de Kenzo Tange. También el Plan de Ampliación de Tokio, con la utilización de formas geométricas que generaban tramas en el espacio pensadas en las tres dimensiones. Salieron también propuestas que se basaban en unas columnas inmensas a las que se les iba incorporando conjuntos habitacionales con grúas y máquinas como si se tratase de un árbol mecánico.

Estas ideas utópicas llegaron a tener materializaciones físicas en las calles de Tokio.

Nakagin Capsule Tower, Kisho Kurokawa, 1972

Nakagin Capsule Tower, Kisho Kurokawa, 1972.

El edificio más famoso que nace de este movimiento es la Torre Nakagin de Kisho Kurokawa, el primer edificio de cápsulas intercambiables del mundo. Se trataba de una estructura central de hormigón donde estaban las escaleras y ascensores a la que se le irían anclando unas cápsulas mínimas de habitación que se podrían ir reemplazando cada 25 años. Estas cápsulas de 2.3 x 3.8 x 2.1 eran prefabricadas y montadas in situ con toda la tecnología de la época incorporada y diseñada para una sola persona. Podemos intuir también el comienzo de una idea que ya está muy generalizada en el mundo contemporáneo y sobre todo en Japón, la individualidad dentro de una comunidad como modo de vida, que ya los metabolistas predijeron en su tiempo. Por ejemplo en Japón, los Capsule-Hotels.

Expo Tower, Kiyonori Kikutake, Expo Osaka 1970

Expo Tower, Kiyonori Kikutake, Expo Osaka 1970

En el arte también se desarrolló el movimiento Metabolista como por ejemplo en artistas como Katsuhiro Yamaguchi y Kiyoshi Awazu, algo que vemos que se manifiesta en la Exposición Universal de Osaka de 1970.

En esta exposición se veían objetos de tramas estructurales inacabadas que simulaban el posible crecimiento en las 3 dimensiones. Era la primera exposición universal que se daba en Asia, y había que mostrar las innovaciones de un mundo recuperado ya de la Segunda Guerra Mundial.

Se expusieron algunos adelantos tecnológicos como la cámara polaroid, el primer IMAX o los teléfonos móviles.

Los metabolistas japoneses dieron el cante con sus pabellones estrambóticos y peculiares frente a la racionalidad y modernismo arcaico de los pabellones de los demás países participantes.

Si ya en los 60 se pensaba que sobrepasaríamos el límite de crecimiento de las ciudades, ahora sólo nos toca reflexionar a dónde hemos llegado y qué es lo que nos depara. Hemos agotado los recursos físicos y energéticos que abastecen estas macrosociedades en las que se basa el mundo contemporáneo.

Seguimos teniendo el mismo modo de vida prácticamente desde la Segunda Revolución Industrial. Una generación Ford-ista, de cadena de producción en serie. Es por eso que también hay que plantearse nuevas formas de organización de las sociedades, de cómo podrían vivir nuestras próximas generaciones en nuestras ciudades infinitas.

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