La calidad no es cara

No negaré que me subí a ese tren, a mí también me engañaron. Lo vi en la televisión, en internet, en vallas publicitarias, en las paradas de autobuses. Y me dejé ir, como todos vosotros. Rockstar se tiró un cuesco y todos nos metimos en sus nalgas. Pero ya se ha ido el olor. Ahora podemos reflexionar por qué venden tantas copias estos títulos. Porque nos la meten doblada una y otra vez y ni siquiera somos conscientes de que pagamos por basura. Creo que es correcto que reflexionemos, tantos meses después, ahora por fin en frío, de por qué Red Dead Redemption 2 es un buen juego y poco más. No es una joya, una obra maestra. No es la panacea de la industria y desde luego no se arriesga en nada. No inventa, no hace nada nuevo. La misma vieja fórmula pulida hasta la perfección. Es un producto correcto, cuando nos han prometido que será excepcional. Y una mierda que lo es.

Imagen extraída de Red Dead Redemption II.

Imagen extraída de Red Dead Redemption 2.

Lo confieso, la principal razón por la que me compré una consola fue para jugar a este título y, joder, que me muera ahora mismo si las primeras dos horas de juego no estaba totalmente convencido de que tenía en mis manos el santo grial de los videojuegos. Ya está, se acabó. Pasaron ese par de horas y jugué cuatro más. Fin. La realidad es que me aburrí. Ya no podía sorprenderme con el nivel de detalle y mimo que está claro que han puesto en él (a costa de jornadas laborales de dieciséis hora, pero ese es un tema que ya trataremos en otro número) y la repetición era evidente en cada misión, cada pueblo, cada atraco y cada nueva arma o caballo que conseguía. Red Dead Redemption 2 son dos horas, como ya dije, copiadas y pegadas una detrás de otra aumentando la dificultad, el número de enemigos o el dinero que necesitas para pasar al siguiente calco y volver a ver como los caballos se cagan, como quedan siluetas en la nieve o como desmiembras a alguien de un tiro con una escopeta en el brazo. Son detalles vacíos, florituras para obviar que no puede ser considerado una obra maestra. Ni siquiera el argumento es digno de mencionar. Es un cliché tras cliché en una historia lenta que se podría resolver en cuatro frases. Que sí, te hace querer saber qué pasa, pero tampoco hay que hacer un esfuerzo sobrehumano para saber por dónde van los tiros. Todo progresa adecuadamente, roza el notable pero nunca será sobresaliente. Pasó lo mismo con Spider-man de PlayStation4. Es un juego divertidísimo y ya está. Pasa sin pena ni gloria ¿Cómo nos lo vendieron en su lanzamiento? Candidato a juego del año, uno de los mejores exclusivos de la consola, la repanocha o el advenimiento de Jesucristo vestido con mallas rojas y azules. Os aseguro que en unos meses nunca más se hablará de ese juego. Lo mismo pasará con Red Dead Redemption 2. Será la nostalgia, que como ya se discutió en números anteriores, nos ha convertido en las putill@s de las segundas y terceras partes. Como nos gusta no dejar ir que alguna vez fuimos niños y que eso no va a ocurrir nunca más. Será la prensa pagada que infla notas y que exalta las virtudes y esconde muy bien los defectos. Siempre te dirá los bonitos gráficos que tiene, lo inmersivo que es el mundo que han creado y lo reales que son las físicas, las adversidades meteorológicas o como se te mancha la cara de mierda cuando caes al barro. Pues yo no quiero un simulador del lejano oeste. Quiero no pagar sesenta euros por un puto juego y dejarlo tirado el siguiente día porque, literalmente, aburre. Un juego no puede aburrir porque entones es malo. Es su finalidad máxima. Entretener, divertir, distraerte. No quiero tardar diez minutos en ir de una punta a otra con un caballo porque es “realista”. Quiero acción y quiero tiros y que un cuerpo salga volando cuarenta metros de un escopetazo.

Imagen extraída de Red Dead Redemption 2.

Imagen extraída de Red Dead Redemption 2.

Tristemente, dejaremos que el hype nos vuelva a engatusar. Volveremos a leer dieces y sobresalientes en cada revista famosa, en cada anuncio en la tele y en cada página de internet. Como consumidores la única protesta es no consumir pero, queremos consumir porque necesitamos rellenar nuestro tiempo de ocio con entretenimiento. No podemos aburrirnos, por eso adquirimos estos productos. Para que nos quiten el aburrimiento aburriéndonos.

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