Decisiones que nos marcan

Desconfiar es la confianza más sincera que podemos tener con el resto de seres humanos.

Tres meses llevamos prácticamente disfrutando día tras día de interminables jornadas de playa, sol, toallas, rones y más cosas que no recuerdo. Pero silencioso y sorprendente, aunque predecible, septiembre llegó de nuevo y con él toca ponerse las pilas: cambiar la playa por apuntes, el sol por plafones tintineantes, la toalla por uniformes, y el ron…

El ron no lo cambio por nada.

Como decía el cantautor argentino Facundo Cabral: “Mira si será malo el trabajo que deben pagarte para que lo hagas”. Qué acertada afirmación, ya que generalmente apreciamos mas nuestro tiempo de ocio que nuestro tiempo destinado a la actividad profesional. Por ello, y sobre todo por la cantidad de años que le vamos a dedicar a la misma actividad, tenemos que ser muy certeros en la elección de la misma.

Tenemos que partir de la base, y es importante esta reflexión para romper con estigmas del pasado, que no existen profesiones mejores ni peores. Es cierto que algunas como medicina o derecho son socialmente más valoradas, pero dedicarte a ellas no te garantiza la felicidad en tu día a día laboral. Posiblemente existan médicos y abogados que cada mañana tengan guerras morales porque odian sus puestos de trabajo, y en contraposición por hablar de toda la visión social, existirán basureros (profesión mal valorada por las generalidades sociales) que se levanten de forma plena simplemente porque están muy satisfechos con el papel que desempeñan laboralmente hablando.

En mi caso (que con diferencia es el ejemplo que mejor conozco) aunque hubo un tiempo donde precisamente era el que menos conocía, al terminar el bachillerato y hacer la prueba de acceso (prueba que más que un baremo razonable es una puerta impenetrable de sueños frustrados para muchos). ¿Cómo en examen de dos o tres días puede ser tan decisivo para el existir de un individuo? Pero bueno, eso es otro tema que tocaremos otro día. Retomando, al finalizar la prueba y con los resultados en la mano tenía prácticamente interminables opciones universitarias, aunque a mí lo que me gustaba era la cocina; pero hace diez años ser cocinero era sinónimo de ser un auténtico fracasado. No es como ahora que los cocineros son o están a la altura de las estrellas de rock, también hace diez años cursar cualquier tipo de estudios no universitarios era sinónimo de ser “cortito” y te trataban y miraban como tal. Por suerte ya no es así, por ese motivo y contra mi voluntad prácticamente (las presiones familiares no paraban de aumentar) decidí complacerlos a todos y meterme en historia del arte, ya que es la carrera  que más se ajustaba a mi forma de pensar y por lo menos con la que me sentía más cómodo. Aunque me gustaba, no sentía ningún tipo de deseo ni pasión visceral por ella. Así que, pese a las opiniones de mi entorno y prácticamente en un acto de rebeldía contra mi sistema personal, dejé la carrera y me metí en cocina, con diferencia la mejor opción que he tomado en mi vida. Es mejor decepcionar a la gente de tu alrededor que a ti mismo, a fin de cuentas contigo vas a pasar, como poco, toda la vida. Por eso es importante tener la precisión de un francotirador a la hora de elegir profesión, de elegir estilo de vida, de elegir algo que te guste tanto que no sea una obligación, que sea una pasión remunerada que además te permita vivir. Cualquier mala decisión, a la larga, será irremediablemente un castigo. En resumen, al final… Al final esas son las decisiones que nos marcan.

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